INCENDIO FORESTAL EN MADRID | Los vecinos de Navalcarnero cuidan de los evacuados, que sólo piensan en volver a casa: “Cada día que pasa se hace más estresante”.

En el Polideportivo Municipal El Pijorro, ubicado en la calle Juan Antonio Zenón, 90, en Navalcarnero, hay colchonetas, mantas, menús calientes, fruta, magdalenas, cruasanes, agua, una televisión con Netflix, psicólogos, voluntarios, trabajadores municipales y una pregunta que se repite a todas horas: cuándo podrán volver a casa.
Los vecinos desalojados por los incendios que afectan al suroeste de Madrid y a la zona limítrofe con Ávila viven estos días en una espera extraña. Están a salvo, atendidos y acompañados, pero con la cabeza puesta en sus pueblos, en sus casas, en sus mascotas, en las medicinas olvidadas o en la ropa que no pudieron meter en una bolsa. "Están deseando volver a sus casas y preocupados en cómo estarán sus casas", resume José Luis Gómez Arribas, coordinador del servicio municipal de Protección Civil del Ayuntamiento de Navalcarnero a El Periódico de España.
José Luis Gómez Arribas, coordinador del Servicio Municipal de Protección Civil de Navalcarnero, en el Polideportivo Municipal El Pijorro, reconvertido estos días en alojamiento para los vecinos evacuados por los incendios. / ASMN
Ahora mismo, el dispositivo acoge a unas 25 personas, aunque en los últimos días han llegado a pasar por allí más de 60 evacuados. Vienen, sobre todo, de Aldea del Fresno, Villa del Prado y Cenicientos. Algunos han encontrado alojamiento con familiares, otros han sido derivados a hostales o a recursos facilitados por la Comunidad de Madrid y los servicios sociales. "Especialmente las familias con ellos", explica Gómez. Los que permanecen en el pabellón intentan reconstruir una rutina mínima mientras el incendio sigue marcando los tiempos.
"Nos han acogido divinamente"

Entre quienes han encontrado refugio en Navalcarnero están Manuel y María Ángeles, matrimonio desde hace 47 años y vecinos de Cenicientos. Llegaron el sábado, tras ser evacuados. Antes pasaron por Maqueda. Después les indicaron que podían acudir al punto habilitado en Navalcarnero. "Nos han acogido divinamente", cuenta María Ángeles, todavía con la preocupación latente. "Sí, nos están cuidando muy bien", corrobora su marido.
Lo dicen con gratitud, pero también con la ansiedad de quien ha dejado media vida atrás. En su caso, la inquietud tiene nombre de animal. Tienen dos perros y un gato que se quedó fuera de casa. "Mañana iré a por el gato y lo meto dentro", explica ella, pendiente de los permisos para poder acercarse a alimentar a sus mascotas.
El matrimonio está en el pabellón junto a su hijo Manuel, de 37 años. Como muchos otros vecinos, salieron deprisa, con lo justo, sin saber cuánto tiempo iban a estar fuera. "Vienen con lo puesto", explican desde el dispositivo. Algunos han recibido ropa, pero no siempre de su talla. Hay quien ya piensa en acercarse a comprar algo básico a Xanadú. No por capricho, sino porque la emergencia también se mide en detalles pequeños: una camiseta limpia, una medicación olvidada, una muda o unas zapatillas cómodas.
Menús calientes, psicólogos y medicinas
La acogida en Navalcarnero funciona como una pequeña cadena de cuidados. El comedor de la tercera edad prepara una media de 20 menús diarios y adapta la comida a las necesidades de los evacuados. "Cada día mandamos el menú y les preguntamos qué quieren", explica Gómez Arribas. Además, restaurantes y vecinos del municipio se han ofrecido para colaborar con bocadillos, cafés o "lo que haga falta".
El Ayuntamiento ha habilitado recursos para compras urgentes y las farmacias del municipio se han puesto a disposición del dispositivo. También se ha coordinado la atención sanitaria con el área correspondiente para activar recetas y facilitar medicación a quienes salieron sin ella. "La gente ha salido sin medicación y, si la receta no estaba activa, se la han habilitado", señala el coordinador.
Punto de información móvil de la Comunidad de Madrid en el entorno del polideportivo municipal de El Pijorro, donde se está atendiendo a los vecinos evacuados a causa de los incendios. / ASMN
La atención psicológica es otra de las patas del operativo. A petición de la Comunidad de Madrid, han acudido voluntarios del Colegio de Psicólogos para prestar apoyo a los afectados. "Es una labor de intervención temprana, de acompañamiento", explican en el punto de acogida. Porque, aunque muchos vecinos todavía no conocen el alcance real de los daños, la angustia crece con el paso de las horas. "Cada día que pasa se vuelve más angustioso", confesaba una de las afectadas que ha preferido mantenerse en el anonimato.
Un pueblo que se organiza y se solidariza
Navalcarnero ha reconvertido sus instalaciones deportivas en un refugio temporal. Las actividades deportivas habituales del Polideportivo Municipal El Pijorro se han suspendido, pero nadie ha puesto problemas. "Al revés, lo entienden", explica Gómez Arribas. El municipio llegó a tener preparado otro pabellón, aunque finalmente ese segundo espacio se está utilizando para que efectivos de la UME y bomberos puedan descansar por la noche, al estar cerca del Puesto de Mando Avanzado.
En el pabellón principal trabajan entre seis y ocho personas por turno, con más personal localizado por si hiciera falta reforzar. También hay ambulancia municipal disponible. De hecho, en la madrugada de este lunes una persona tuvo que ser trasladada al Hospital de Móstoles tras encontrarse mal.
"La verdad es que es increíble la cantidad de gente que se ofrece: médicos, enfermeros, gente para limpieza, vecinos de a pie... Nos viene de todo", agradece el coordinador. Por ahora, asegura, el dispositivo está cubierto, pero el ofrecimiento constante retrata el clima que se vive en el municipio.
A los evacuados se les intenta dar margen para respirar. Pueden salir a pasear, acercarse a la plaza o moverse por el entorno, siempre dejando constancia de la hora de regreso y manteniendo el contacto con el equipo.
Personal de Protección Civil de Navalcarnero trabaja en el polideportivo municipal de El Pijorro, recientemente reconvertido en alojamiento para evacuados. / ASMN
Los niños, las Barbies y el parchís
Durante estos días también han pasado por el punto de acogida familias. Cuando había menores, el Ayuntamiento buscaba cuanto antes una alternativa más adecuada, especialmente en el caso de bebés. Aun así, mientras permanecieron en el pabellón, hubo que improvisar una normalidad de urgencia.
Se sacaron juegos, cartas, parchís, pinturas y muñecas. "A las niñas les trajimos unas Barbies. Decían: ¿me las puedo llevar? Y yo: sí, sí, claro, llévatela", recuerda Gómez Arribas. Durante unas horas, el fuego quedó lejos de aquella sala y los niños pudieron jugar.
El objetivo, en realidad, es ese: que la espera pese un poco menos. Que quien ha salido corriendo de casa encuentre una cama. Que quien dejó medicinas pueda recuperarlas. Que quien no sabe si su vivienda sigue en pie tenga a alguien cerca para escucharle. Que quien llega de Cenicientos, de Aldea del Fresno o de Villa del Prado no se sienta solo.
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