“Mi hijo necesita cuidados constantes y no me dan los permisos necesarios para cuidarlo”.

“Mi hijo necesita cuidados constantes y no me dan los permisos necesarios para cuidarlo”.


Ángela Gadea con su pequeño Samir, de cinco años. / irene marilla

Docentes de la red pública con niños con enfermedades graves inician una campaña para que Educación les otorgue una reducción del tiempo total de trabajo

“Mi hijo ha tenido síndrome de intestino corto desde que nació y a la edad de cinco años y medio ha tenido 14 cirugías. Tiene una línea central y pasa 12 horas al día en una máquina de alimentación intravenosa. Sufre de diarrea todo el tiempo y vamos al médico todo el tiempo. Si empeora o simplemente coge un virus intestinal, pasamos mucho tiempo en el hospital, desde una semana hasta dos o tres meses. Pero solo me dan una reducción de jornada del 50% y estamos peleando por el 99%». Ángela Gadea es una de las maestras valencianas con niños con cáncer y otras enfermedades graves que han impulsado la creación de una plataforma para exigir una reducción de la jornada laboral total para atender los cuidados necesarios de sus pequeños, como ocurre en otros ámbitos es la administración pública o el sector privado.

El problema, según explican en la plataforma, es que el Departamento de Educación solo suele aprobar esta reducción global en los casos en los que los niños están en cuidados paliativos (aunque ya ha aprobado esta reducción a tiempo completo en seis casos este año). Los afectados que no reciben una respuesta positiva deciden acudir a los tribunales para poder brindar a sus hijos una atención adecuada. Sin embargo, no en todos los casos encuentran el respaldo de los jueces a sus pretensiones. “Tenemos reuniones con los sindicatos y el ministerio, pero muchas familias todavía no tienen los permisos que necesitan y tienen que tomar licencias médicas”, agregan desde el grupo.

En este contexto, Ángela señala que en su caso esta reducción del 50% de su jornada laboral es adecuada si Samir está “bien”, pero “si tiene una recaída, no tiene sentido que mis alumnos se ausentan de clase por ‘ x’ tiempo de ahorrar al ministerio otro sueldo ». “Somos los primeros afectados, pero mis alumnos también porque me pierdo muchas clases”, explica el afectado.

María José Cerverón con su hijo Javier, de 11 años. /

Damián Torres

María José Cerverón es maestra de párvulos, maestra oficial del Ministerio de Educación y tiene el mismo problema. Su hijo Javier, de 11 años, tiene diabetes mellitus tipo 1, un trastorno por déficit de atención con hiperactividad. «Tiene que seguir inyectándose insulina, cierta cantidad, y no puede hacerlo él mismo. Tiene sensores implantados para monitorearla constantemente y tenemos que mantener su nivel de azúcar en la sangre bajo control constante porque no poder controlarlo puede tener consecuencias de por vida». consecuencias a largo plazo para su visión, sus riñones, sus nervios, sus arterias… tienen. Si sufre una hipoglucemia extrema, puede perder el conocimiento y entrar en coma. Lo que peor tenemos son las noches porque hay que estar más pendiente de esos cuadros de hipoglucemia. Si pierde el conocimiento, se le debe inyectar un medicamento de inmediato para salvarle la vida. Siempre hay que estar alerta”, dice.

Este profesional ni siquiera ha logrado una reducción del 50 por ciento, a pesar de «tener que seguir levantándose por la noche, sonámbulo para ir al trabajo al día siguiente, esperando constantemente las pautas de tratamiento».


Elena Resanes

Elena Resanes

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