Redondo se reivindica, endosa errores al PSOE y ‘aúpa’ a Yolanda Díaz

Redondo se reivindica, endosa errores al PSOE y ‘aúpa’ a Yolanda Díaz
  • El exdirector de Gabinete reitera que pidió marcharse del Gobierno y que Sánchez le ofreció ser ministro hasta en tres ocasiones, la última en mayo

  • Asegura que le «sorprendió» la moción de censura en Murcia y dice que no pilotó la campaña del 4-M. Díaz, afirma, puede mejorar «mucho» los datos de Podemos

Lo decía Jordi Évole al comienzo del programa y quizá no andaba desencaminado. El propósito de Iván Redondo, en su primera entrevista tras su salida del Gobierno, era «marcar su relato«. Para construir la narración, rebatida en el PSOE y en el Ejecutivo, de que fue él quien pidió marcharse, porque en la vida hay que «saber parar», aunque sigue y seguirá estando al servicio del presidente y del país. Para arrogarse (o al menos deslizar su firma) los éxitos de Pedro Sánchez desde la moción de censura y para endosar a otros los errores. Traspiés como el patinazo en Murcia o la campaña madrileña del 4-M, en los que según han venido reiterando en el partido, sí participó. En eso se tradujo, básicamente, el primer ‘Lo de Évole’ (La Sexta) de la temporada, este domingo, en una conversación de desquite del ya exdirector de Gabinete del jefe del Ejecutivo. En ella pone voz a lo que ya trasladaron desde su equipo en verano: insiste en que fue el líder socialista quien le pidió ser ministro y él lo rechazó. Hasta en tres ocasiones. La última, en mayo pasado. En Ferraz, había quienes no salían de su asombro, quienes pintaban de «patética» y «bochornosa» la reivindicación postrera de Redondo.

Redondo buscó reivindicarse, una y otra vez. Para hacer ver que se fue él, solo él —»lo repite como un ‘jingle», decían los miembros del equipo de Évole—. Relató una relación intensa, casi íntima con el presidente. «Especial y sagrada«. Hablaban una media de «ocho-doce veces al día», unas veces más y otras menos. «Le dejé entrar en mi vida y yo entré en la suya. Y esto es importante porque no necesariamente tienes que ser amigos de verdad, en nuestro caso sí lo es. Él me dijo algo que yo comparto plenamente: ‘He intentado darte a ti lo que otros no me han podido dar». Y a la inversa. Una relación teóricamente perfecta pero que ahora parece no existir. ¿Conversa con el presidente? «Estamos en contacto» con Sánchez y con algunos ministros, aunque las conversaciones son ya de «índole personal». ¿Cuánto, cómo charla con él? «Contacto es estar en contacto y hasta ahí puedo leer. No me corresponde decir». Ese era el esquema que usaría en otras respuestas. Muy de su estilo, como saben quienes han tratado con él. Lanzar sin llegar a decir, hacer ver más que transparentar.

Y entre las cosas que deslizó fue su ambición. Desde pequeño, dijo, soñaba con «dirigir el país», con ser director de Gabinete, de modo que vio cumplida su aspiración cuando Sánchez lo reclutó para irse con él a la Moncloa. El político es la dama en el ajedrez —el juego al que siempre remite— y el asesor es el peón que, si llega a la última casilla, puede transformarse en ella. ¿Tuvo la tentación de ser dama entonces? Y ahí fue cuando Redondo se preocupó en apuntalar que no, que tampoco cree que el presidente tenga celos de él y que fue él, Sánchez, quien le ofreció ser ministro cuando ganó la moción de censura. Y en otras dos ocasiones más. «Nunca me he visto en esa posición. He estado donde podía estar».

Al final de la pasada primavera, el líder socialista, según su relato, le planteó de nuevo integrarle en su Consejo de Ministros. Fue unos días antes del 21 de mayo, cuando murió su perro ‘Currillo’, a quien lloró mucho, por eso lo recordaba con nitidez. El último intento para convencerle vino el martes previo al 10 de julio, cuando Sánchez acometió la remodelación de su Gabinete. Cenó con dos amigos comunes, suyos y del presidente (no reveló quiénes), que le insistieron, «de la mejor manera posible», en que se quedara en su puesto y en que se buscara el «encaje». Hubo hasta un momento de «tensión» por el apremio.

«Tiene que ver con vaciarte y con los diferentes momentos. No es novedoso. Hubo tres momentos en los que yo fui planteando mi salida», relata

La pregunta siguiente era obvia: por qué quería marcharse si aquel, según él mismo lo había definido, era el «mejor lugar del mundo». «Tiene que ver con vaciarte y con los diferentes momentos. No es novedoso. Hubo tres momentos en los que yo fui planteando mi salida. Fui cubriendo mis etapas», indicó. «Se lo expliqué al presidente y lo entendió, pero yo estoy a disposición de él y de mi país». No explicó el detonante. La razón última de aquella «gran decisión» que tomó. Otra vez la nebulosa. Declaraciones que se daban de bruces con otras palabras suyas. Del 27 de mayo, en el Senado, cuando reprodujo una frase muy suya: que se tiraría «por el barranco» por Sánchez. «Lo hago con paracaídas», sonrió ante la aparente contradicción.

Charla «directa, sincera y muy humana»

En el partido y en el Gobierno la versión que se trasladó en julio era otra: que fue él, Redondo, quien exigió ser ministro de la Presidencia, demanda ante la que Sánchez se plantó. La cartera fue a parar a Félix Bolaños, el hombre con quien formaba, en 2018, un tándem virtuoso pero que con el tiempo se quebró.

Ambos hablaron esa mañana de autos, la del 10 de julio. Mantuvieron una conversación «directa, sincera y muy humana«, que acabó con un «apretón de manos». El jefe del Ejecutivo compareció al final de la mañana para explicar los cambios en su Gabinete. No lo citó. «Me quedo con lo que me trasladó. No somos tan importantes», le disculpó, insistiendo en que fue él quien le pidió irse ese mismo sábado.

Quita hierro al célebre «no dormiría» de Sánchez y le elogia por los indultos, una medida impopular y audaz a la que otro presidente no se habría atrevido

Redondo se atribuyó, de manera directa o indirecta, los puntos. En la moción de censura de 2018, la que Sánchez ganó a Mariano Rajoy, él tuvo una «responsabilidad importante y fue exitosa». También vencieron (hablaba en primera persona del plural) en las cinco elecciones de 2019 y en las catalanas de 2021. Para las del 28-A, negó que la estrategia fuera usar el miedo a Vox, cuando fue la campaña de Sánchez la que exigió un debate a cinco, con la ultraderecha, que la Junta Electoral Central negó porque entonces no tenía representación parlamentaria. «La incidencia de Vox en aquella campaña fue mínima«, dijo con desparpajo.

Luego vino la investidura fallida y la repetición electoral. Aquella sentencia lapidaria del presidente, el «no dormiría» con Pablo Iglesias en el Ejecutivo. Fue «un momento de negociación» que «no tiene más», respondió, pese a que aquella frase salió de los labios de Sánchez a las puertas de los comicios del 10-N, en septiembre de 2019. Y si fue posible después cerrar un acuerdo en 48 horas con los morados se debió, en parte, a las relaciones «sólidas» que mantenían el socialista e Iglesias, y él mismo también con el entonces jefe de Podemos (otro tanto que se anotaba). Negó, como siempre han sostenido desde Ferraz, que fuera él quien presionase para la repetición de las generales. «La prioridad del presidente, en todo momento, fue formar gobierno«.

«No sé de quién fue la idea»

Évole le preguntó por las contradicciones de Sánchez. Los indultos a los líderes del ‘procés’, que primero descartó y luego ejecutó. «Cada decisión que ha tomado ha sido siempre por plantear un factor reparador». Y a pesar de que «las cifras no eran buenas», por la impopularidad de la medida, el presidente continuó la marcha, y «la vida sigue y se ha superado una etapa». «Es un ejemplo de cifras en las que un político saldría corriendo por la puerta y ahí tienes un presidente que no lo ha hecho«, le cumplimentó.

Subraya que la campaña del 4-M la dirigió el PSOE-M y que advirtió a su ‘staff’ de que no había más que un 1% de opciones de ganar. «El coche [el partido] no va»

Redondo puso cuidado en dejar limpio su expediente. Se desvinculó de los dos últimos tropiezos más notables: la moción de censura en Murcia y la campaña de las madrileñas del 4 de mayo. El consultor aseguró que la moción «no se podía producir». Era su «opinión personal». «No sé de quién fue la idea. Los que tienen las claves son los que deciden presentarla. A mí se me comunicó el mismo día. Para mí fue llamativo, fue un movimiento audaz que no funcionó y no participé. Para esa decisión, no se quiso contar con mi opinión. No me fastidió, pero me sorprendió«. El exjefe de Gabinete argumentó que aquella era una «cuestión de partido«, no de la Moncloa, y él no es una persona «de partido salvo que el partido toque» a su puerta. ¿Le indignó que Bolaños no le informara? «Hace lo que tiene que hacer. No soy tan importante».

La maniobra murciana desembocó en el adelanto electoral en Madrid. Isabel Díaz Ayuso arrasó. De nuevo, endosó la culpa al PSOE. Aquella campaña, dijo, «la dirigió el PSOE de Madrid«. Afirmación que en absoluto se correspondió con lo que entonces se dijo desde Ferraz y desde la federación madrileña, en la que le apuntaron antes y después del desastre. «Lo que he podido hacer era a título particular. Era imposible. Yo en una conversación con el ‘staff’ del PSOE en Madrid les dije que apenas había un 1% de posibilidades de ganar». Y eso que su equipo trasladaba lo contrario aquellos días y hasta el propio Sánchez estaba convencido de que la gesta se podía conseguir. «La política es un poco como la fórmula 1. Mi trabajo es el de ser un ingeniero, yo no soy el piloto. Y, a veces, el coche no va. Puedes tener un gran piloto, y no va a ir. No olvides que esto es así». Atizaba al PSOE, y menos al candidato, Ángel Gabilondo, del que recordó que ganó las autonómicas de 2019 aunque se descalabró en las de 2021. «El coche [o sea, el partido] tiene que salir, pero no te puedes engañar».

No tiene mala relación con Calvo

Otro tropiezo notable fue el saludo de Sánchez con Joe Biden en la cumbre de la OTAN, que una semana antes se había anticipado como un encuentro entre los dos mandatarios. Fue «un primer contacto», justificó, sin reconocer errores, «insuficiente, pero nada más». «Mi incidencia en este tipo de acciones es bastante mínima» ya que era una cuestión de política exterior, alegó, aunque admitió que días antes de la cita en Bruselas había hablado con el jefe de Gabinete del dirigente demócrata. Con lo que Redondo se queda es que la relación entre Sánchez y Biden se ha ido afianzando con el paso de los meses.

Del saludo con Biden dice que fue «un primer contacto», sin admitir errores. «Mi incidencia en este tipo de acciones es bastante mínima», porque es un asunto de política exterior, alega

Con ese objetivo de «marcar su relato», en palabras de Évole, el ‘spin doctor’ llegó solo, en el arranque de la entrevista, y sin que le preguntaran por ello, a su relación con Carmen Calvo, que según coincidían fuentes del Ejecutivo y de Ferraz (y del entorno de la exvicepresidenta), era pésima. Redondo recalcó que una de las lecciones que se llevó de la Moncloa es que hay «huellas que te hablan«, que «se construyen los marcos», con independencia de que sean verdad. Indicó, para argumentar que se llevaba bien con ella, que la crisis del relator (en febrero de 2019) les unió, al igual que la formación del Gabinete de coalición.

Asegura que no se irá al PP ni asesorará a Casado. ¿Votará a Sánchez? «Sí, seguro. Sin duda alguna. Hoy, aquí y ahora, pero sí»

Antes de asesorar al PSOE, el consultor donostiarra asistió al PP. A José Antonio Monago cuando dirigió la Junta de Extremadura. A Xavier García Albiol, en su campaña por Badalona marcada por mensajes de tintes xenófobos. Aunque aquel durísimo vídeo contra la inmigración fue obra suya —así lo reconoce su biógrafo autorizado, el periodista Toni Bolaño, le recordó Évole—, Redondo insistió en que embarcarse en la producción no significa que fuera «cien por cien» suyo, y que como gurú se centra en los temas. «No lo volvería a hacer, ni mucho menos».

Redondo habla de sus «clientes», reitera que cree más en las «ideas» que en las «ideologías», en las «personas» más que en los «partidos». Así que… ¿si le llamara Pablo Casado le diría que sí? «El ‘pídeme lo que quieras’ lo he vivido con el presidente. No me veo. No me voy a ir al PP. Dalo por hecho», zanjó. Es a Casado a quien precisamente ve con más posibilidades, dentro del PP, de ser jefe del Ejecutivo, por delante de Ayuso.

Évole le inquirió por Yolanda Díaz, si será capaz de mejorar los resultados de Unidas Podemos. «Si se presenta a través de una plataforma, sí, mucho«. No explicó qué entiende por «plataforma». «No voy a entrar en la letra pequeña. No voy a decir más». De nuevo, lanzar y no rematar. Eso sí, cree que Sánchez es el que tiene «más probabilidades» de continuar en la Moncloa, y «si marca el camino con determinación», como ha hecho, a su juicio, en estos tres años, será «un hecho».

¿Votará a Pedro Sánchez?

Sí, seguro. Sin duda alguna. Hoy, aquí y ahora, pero sí.

En el PSOE y en el Gobierno cunde el estupor tras la entrevista a Redondo. Él se incorpora ahora como columnista y consejero en Madrid de ‘La Vanguardia’

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Tras la entrevista en La Sexta, el estupor recorría el PSOE. En todas partes, en el partido y en el Gobierno, se escuchaban calificativos gruesos. «Bochornoso«, «patético», «es un clamor», «un mamarracho», «salió de la entrevista peor de lo que entró», «de vergüenza ajena, hay que tener una cara como el cemento», «no se ha hecho ningún favor a sí mismo», «una mentira tras otra». Un ministro resumía el sentimiento de irritación, aunque también de chanza, hacia Redondo, el gurú caído: «Pensé que era un programa de actualidad. No de ficción«.


Elena Resanes

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