PPMADRID | Los despidos y dimisiones en el Gobierno de Ayuso preocupan en Génova

No todos los días se cesa a un consejero autonómico, y menos a uno de un departamento gubernamental tan importante como el de Educación. Y mucho menos le siguen, en cascada y casi sin solución de continuidad, la renuncia de otros cinco dirigentes, tres diputados regionales y dos altos cargos de la administración. Pero exactamente eso es lo que ocurrió este martes en la Comunidad de Madrid y en el Partido Popular de Madrid (PPM), es decir, en los dominios de Isabel Díaz Ayuso, tras la salida fulminante del hasta ahora consejero de Educación, Ciencia y Universidades, Emilio Viciana.
Una crisis política de envergadura que vuelve a poner a la presidenta madrileña en el ojo del huracán y que siembra la inquietud en Génova. Las voces de alarma en el PP a nivel nacional no tardaron en saltar, siempre sotto voce, tras irse produciendo, una tras otra, las noticias de las dimisiones. A la sorpresa por la salida de Viciana, que se conocía el lunes, se sumó la intervención en una comisión parlamentaria de la Asamblea de Vallecas del portavoz de Educación del PPM, Pablo Posse, anunciado con gran pompa y circunstancia su renuncia al acta de parlamentario, el mismo camino que seguirán otras dos compañeras de bancada, Mónica Lavín y Carlota Pasarón. Y también, como anunció el propio Posse, el de dos directores generales de la Consejería, el de Universidades, Nicolás Javier Casas, y la de Educación Secundaria, Formación Profesional y Régimen Especial, María Luz Rodríguez de Llera.
Seis dirigentes de dos ámbitos institucionales diferenciados, el Gobierno regional y el Parlamento autonómico, en apenas un día. Un recuento que da elocuente cuenta de que no se trata, desde luego, de un asunto menor. Y que desata todo tipo de especulaciones, la más obvia de todas la de la existencia de una posible camarilla en el seno del poder ayusista con vida y poder propios, e incluso enfrentado al ínclito jefe de gabinete de la presidenta, Miguel Ángel Rodríguez. Ese es el puzzle que los de Feijóo, tanto en la dirección nacional como en el grupo parlamentario, trataban de reconstruir tras lo ocurrido, ante la perplejidad de los miembros de la cúpula del partido o del Grupo Popular menos familiarizados con lo que se cuece en el PP de Madrid.
Castillo Algarra, el hombre clave

A estos últimos se les apuntó, enseguida, un nombre clave en todo lo ocurrido, el de Antonio Castillo Algarra. El extravagante dramaturgo al que hasta ahora se atribuía una enorme influencia sobre Ayuso, que según fuentes populares se remonta a mucho antes de que la dirigente madrileña llegase a presidir la Comunidad de Madrid en el verano del año 2019. De su compañía For the fun of it, que además de al teatro se dedica a la formación de opositores, y de la que es el único dueño, formaron parte, según informó el año pasado El País, varios de los ahora dimitidos, como el propio Posse, la diputada Lavín y los dos altos cargos de la consejería mentados. Y hasta el ya exconsejero Viciana, según ese mismo diario, habría sido profesor en esa compañía.
Que Algarra y Miguel Ángel Rodríguez no conectaban era un secreto a voces en el PP, en un duelo soterrado de dos personas con indudable ascendente sobre la presidenta madrileña. Por ello muchos interpretan lo sucedido como una victoria, otra más, de Rodríguez, aunque en este caso con matices ideológicos que, a simple vista, no serían tan obvios. Según el relato de personas del partido con peso específico y no precisamente de los más ayusistas, el grupo de Algarra se situaba en posiciones que desbordan por la derecha no ya al PP, sino incluso a Vox. Singularmente en materia de igualdad, pero también en una obsesión particular por combatir la educación bilingüe en los colegios e institutos madrileños, uno de los reclamos más potentes de la gestión del PP ya desde los tiempos de la expresidenta Esperanza Aguirre, que los impulsó. "Él cree que así los niños no aprenden correctamente el castellano", explican fuentes populares al respecto, sin ocultar su perplejidad.
Según un relato compartido por más sectores, la gestión de Viciana y todo su equipo ha sido un fiasco total, que explica su abrupta salida, aunque en público se guardaron las formas por ambas partes. En particular, la Ley de Enseñanzas Superiores, Universidades y Ciencia, la LESUC, prometida para 2025 pero aún estancada en la Asamblea de Vallecas. Otras voces apuntan a su injerencia en la programación de Los Teatros del Canal, donde es patrono junto al propio Viciana, y donde en otoño se programó una de sus obras, algo que en su día provocó recelos en la Comunidad de Madrid. Toda una suma de circunstancias que acabó con la cascada de ceses y dimisiones de este martes, y que los más optimistas en el PP esperan que no escriba nuevos capítulos.
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