«Pintar fue mi forma de aprender»

«Pintar fue mi forma de aprender»


PAMPLONA, 18 de junio (PRENSA EUROPA) –

El pintor Pedro Salaberri, que ha recibido este sábado el Premio Príncipe de Viana de Cultura 2022, ha destacado que la pintura ha sido «mi forma de aprender» y ha indicado que su objetivo es que sus cuadros sean «perdurables, que sean ese lugar en el que merece la pena detenerse». y luego seguir y seguir adelante con más calma y atención».

Salaberri fue reconocido por la Presidenta del Gobierno de Navarra, María Chivite, en un acto en la Plaza General Los Arcos de Sangüesa. También estuvieron presentes en el escenario el presidente del Parlamento Regional, Unai Hualde; la ministra de Cultura y Deporte, Rebeca Esnaola; la alcaldesa de Sangüesa, Lucía Echegoyen.

También el pintor Javier Balda, miembro del Consejo de Cultura de Navarra y encargado de destacar los méritos del ganador, ha destacado su «capacidad innata para el dibujo» y su «peculiar forma de entender la pintura, especialmente en el tratamiento de los paisajes». “Nos llevó a encontrar lo natural en la sencillez de su obra” y “redefinió la forma del agua, la tierra, el horizonte y el cielo con una particular y arriesgada invención del color”. Tiene su “mirada observadora sobre el sublime fenómeno de la la naturaleza y la presencia humana como interrogación en este espacio» que ofrece una aproximación «diferente e innovadora» al paisaje, y ha valorado su pintura «para apreciar y apreciar la vida».

En su discurso, tras recibir un premio que «me emociona», Pedro Salaberri repasó los 55 años de carrera artística que «quise seguir desde muy pequeño» y remarcó que «la pintura fue mi forma de aprender, fue quien hizo me esfuerzo por comprender las razones que me llevaron a elegir qué pintar o cómo representarlo».

Recuerda a su familia, donde siempre se sintió «bienvenido y amado». Obtuvo «el concepto de arte» de su padre y la «ecuanimidad» de su madre.

En esos primeros momentos se encontró con un «mundo exterior lleno de incertidumbre» y ha destacado su entrada en la Kunstgewerbeschule a los 18 años, que fue «un oasis de libertad», en un momento «en el que no se podía decir lo que uno piensa». Lugar donde trabó amistad con Mariano Royo, Peio Azketa y Luis Garrido.


Recordó en sus paseos por la naturaleza que «fue una experiencia maravillosa y relajante, no hubo tensiones interesadas». “El universo no se ha visto afectado por las luchas políticas ni por la obsesión de nuestro esfuerzo”, observó Salaberri, quien señaló que en sus cuadros quiso “contarlo” y “captar la creencia de que el arte y la vida pueden ser lo mismo”. Asimismo, ha indicado que se ha dado cuenta de que “la ciudad es inseparable de la naturaleza y también hay que pintarla con amor y respeto”.

Salaberri ha afirmado que la pintura fue un «proceso continuo de preguntas a las que he intentado dar respuesta y que me han dado satisfacciones de todo tipo». Con su arte, prosiguió, «era mi obligación detener el tiempo para que se reparara la belleza que me conmovía». Ha subrayado que su objetivo es que sus cuadros «perduren, que sean el lugar en el que valga la pena detenerse y luego seguir adelante con más calma y conciencia». “Nunca quise solo entretener, estaba tratando de descubrir, agregar algo a lo que las imágenes evocan o sugieren, traer alegría y conocimiento”, agregó.

Asimismo, ha indicado que a lo largo de su carrera ha identificado como una de sus «aspiraciones más definidas» ser «parte del tejido cultural de la sociedad en la que vivo, y en particular pintar» con personas «de las que conozco» y recibí cariño». Entre ellos recordó a Pedro Manterola, «de quien tanto aprendí y cuya amistad me dejó un recuerdo imborrable».

El pintor tiene emotivas palabras para su mujer, hijos y nietos, a los que agradece «porque me dan la sensación de estar vivo y con ganas de seguir viviendo».


Marta Del Rosal

Marta Del Rosal

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