Tras los devastadores incendios de 2025, España sigue centrada en apagar los incendios en lugar de prevenirlos

Los incendios forestales declarados en España en el verano de 2025, cuando se batió el récord de hectáreas anuales quemadas de este siglo, pusieron en evidencia las asignaturas pendientes no solo en materia de extinción, sino más bien en el apartado de prevención. Es decir, qué se debe hacer en los bosques para evitar que los fuegos causen daños graves a bienes y personas.
Durante el mes de agosto del año pasado, responsables políticos nacionales y autonómicos aseguraron que se debía mejorar la coordinación y también acelerar las medidas para realizar una gestión forestal que contribuyera a reducir consecuencias graves tras el paso de las llamas.
Pese a que se ha elaborado un Pacto de Estado y se ha apostado por una mayor coordinación, el modelo sigue siendo "reactivo": "Actuamos cuando el incendio ya está encima"
Nueve meses después, ¿qué ha cambiado y qué sigue exactamente igual? Los expertos consultados por EL PERIÓDICO, pese a reconocer que este cambio de paradigma no se puede producir de un año para otro, advierten de que el núcleo del problema sigue intacto. "España dispone de un sistema demasiado centrado en apagar incendios y poco preparado para evitar que el territorio arda", resume Ferran Dalmau, ingeniero de montes y miembro de la Fundación Pau Costa, centrada en la gestión de incendios forestales.
"Arrastramos una inercia de 40 años de abandono rural y la situación no se puede revertir de un día para otro, pero de momento, las medidas son más estéticas que estructurales"
Fuentes del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, en cambio, defienden que se han dado pasos en restauración, coordinación administrativa, bioeconomía forestal y planificación climática.
Pacto de Estado

Además, el Gobierno presentó una nueva propuesta de Pacto de Estado frente a la Emergencia Climática, elaborada tras un proceso participativo con más de 1.300 actores y casi 4.000 aportaciones. Entre sus ejes aparece la extensión de un modelo de gestión forestal adaptado a la actualidad.
Sobre el papel, el pacto recoge algunas de las demandas que los especialistas llevan años planteando: gestión activa del monte, quemas prescritas, uso planificado del fuego de baja intensidad, ganadería extensiva, pastoreo y fomento de los paisajes en mosaico.
"Es urgente comenzar a diseñar qué papel ha de tener el fuego en nuestro medio natural como ya hacen Canadá, Estados Unidos o Australia"
Pero pese a todos estos anuncios, Dalmau pone el foco en la falta de ejecución sobre el terreno: "La declaración de intenciones es interesante, pero tiene que ir acompañada de hechos y hace falta invertir más recursos". El experto avisa de que es "clave" disponer de unos presupuestos que incluyan una dotación para las políticas de prevención de incendios. "Arrastramos una inercia de 40 años de abandono rural y la situación no se puede revertir de un día para otro, pero de momento, las medidas son más estéticas que estructurales", sintetiza.
"Sistema reactivo"

Según la Fundación Pau Costa, España sigue atrapada en "un sistema reactivo": "Actuamos cuando el incendio ya está encima". "Es urgente comenzar a diseñar qué papel ha de tener el fuego en nuestro medio natural como ya hacen Canadá, Estados Unidos o Australia", añade Luis Berbiela, ingeniero de montes.
"No necesitamos más aviones, sino más gestión", ejemplifica Dalmau. Los últimos cálculos sugieren que España debería invertir como mínimo 1.000 millones de euros al año en prevención, lo que permitiría gestionar, "para empezar", el 1% de la superficie forestal. No obstante, en 2022, la inversión en prevención fue tan solo de 175 millones, según el último dato disponible. El gasto de los últimos tres años aún no está publicado ni ha sido facilitado a este medio.
España debería invertir como mínimo 1.000 millones de euros al año en prevención
Y muchas comunidades autónomas, que ostentan la mayor parte de las competencias sobre incendios forestales, computan juntas la prevención y la extinción, lo que impide saber cuánto dinero se destina realmente a preparar el territorio antes del verano.
El real decreto aprobado el pasado agosto recoge que la lucha contra los incendios no puede limitarse a la reacción
El Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente recomienda dedicar dos tercios del gasto a planificación, prevención, preparación y recuperación, y solo un tercio a la respuesta. Sin embargo, las últimas cifras comparables disponibles están muy lejos de ese equilibrio: mientras la inversión en prevención ronda los 175 millones, el gasto en extinción se estima que alcanza los 417 millones.
Medidas aplicadas
Más allá de los trabajos de gestión forestal que han abordado algunas autonomías, la legislación básica, la coordinación, los fondos, los indicadores comunes y la transparencia estadística dependen sobre todo de decisiones estatales. De hecho, un real decreto aprobado el pasado agosto recoge que la lucha contra los incendios no puede limitarse a la reacción durante las épocas de mayor riesgo y que debe extenderse durante todo el año.
Incendios forestales en Galicia / EFE / EFE/eliseo trigo
Fuentes del ministerio señalan que, desde el verano de 2025, el Gobierno ha avanzado en varias líneas. La primera fue la restauración de las zonas afectadas: el ministerio anunció 34,5 millones de euros para actuaciones hidrológico-forestales en los territorios golpeados por los grandes incendios. Sobre estas tareas, Josep Maria Espelta, investigador del CREAF, advierte de que se deben llevar a cabo teniendo en cuenta la biodiversidad de la zona: "En muchas ocasiones, es conveniente mantener la madera muerta en el bosque y no replantar con nuevos árboles, sino dejar que el ecosistema evoluciones y se recupere de manera natural".
Coordinación

El segundo gran bloque es la coordinación. En enero de 2026, el Consejo de Ministros aprobó una normativa para reforzar la operabilidad de los dispositivos, la seguridad del personal y la cooperación entre administraciones. La norma incluye una calificación homogénea de unidades de extinción, un protocolo común para medios aéreos, indicativos de radio unificados, simbología común en mapas operativos y estándares de equipos de protección individual.
En abril, además, el Gobierno organizó en la Sierra de Gata un ejercicio conjunto con unas 240 personas de Extremadura, Castilla y León, el ministerio, Guardia Civil y UME para ensayar la respuesta ante un incendio que afectara a más de una comunidad autónoma. En paralelo, la Fundación Biodiversidad, que depende del ministerio, ha lanzado una convocatoria FEDER dotada con 42 millones de euros para proyectos de impulso a la bioeconomía, restauración, conectividad ecológica, prevención de incendios, lucha contra la desertificación y generación de empleo rural.
Dalmau recuerda que a la hora de gestionar el monte con estas actuaciones es clave priorizar. "Lo más urgente son las zonas de interfaz urbano-forestal, donde las casas y los núcleos de población condicionan toda la emergencia". "Si no, mientras protejo una casa, no puedo decidir cómo afronto el fuego", especifica. "El fuego forma parte natural de los ecosistemas forestales y la naturaleza ha desarrollado mecanismos para adaptarse a estas perturbaciones; sin embargo, los seres humanos aún no hemos logrado hacerlo del mismo modo", considera Berbiela.
Uso del fuego
Los segundos puntos marcados en rojo son los perímetros de los pueblos y las áreas estratégicas de gestión, como barrancos o puntos concretos donde una actuación previa puede frenar el avance del fuego. Sobre esta cuestión, Dalmau señala que aún falta una dotación presupuestaria clara en la mayoría de comunidades autónomas para estructurar la prevención.
También queda pendiente abordar de forma decidida el uso del fuego. Frente al fuego descontrolado que se escapa en quemas ganaderas o agrícolas, los expertos reclaman más fuego prescrito, planificado y ejecutado por profesionales en condiciones seguras. "El fuego es buen servidor, pero mal amo", dice Dalmau. La idea consiste en decidir cuándo y cómo se quema parte del combustible vegetal para evitar que sea el gran incendio del verano quien haga la gestión sin control. El riesgo, advierte Dalmau, es seguir confundiendo política forestal con campaña de verano. "El pueblo que no huele a madera cortada o a madera quemada en invierno, olerá a humo en verano", zanja.
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