Los investigadores dan un cuerpo virtual al cerebro de una mosca de la fruta

Cerebro digital
Dennis L.
(Imagen del símbolo AI). El cerebro de una mosca de la fruta se acopla a un cuerpo artificial y a un entorno virtual para que los investigadores puedan probar circuitos cerrados de percepción y movimiento. La atención no se centra en la ciencia ficción, sino en la cuestión de cuánto comportamiento hay ya en el cableado neuronal. Estos modelos pretenden mostrar cuándo un conectoma se convierte en una simulación nerviosa resistente.
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Un cerebro de mosca de la fruta acoplado digitalmente pretende mostrar cómo el comportamiento surge del cableado puro. Para ello, el conectoma, el entorno virtual y el modelo corporal se introducen en un circuito de control sensoriomotor. La atención se centra en ventanas de tiempo de 15 ms y en la cuestión de si la estructura anatómica ya es adecuada como controlador. El paso parece pequeño, pero toca un problema central en la investigación del cerebro.
El comportamiento de un animal no surge únicamente en el cerebro. Un circuito de control continuo corre entre los órganos sensoriales, las células nerviosas, los músculos y el entorno en el que las señales se registran, procesan y traducen nuevamente en movimiento. Precisamente por eso en la investigación moderna del cerebro ya no basta con observar células individuales o circuitos aislados. Si se quiere comprender cómo corre, vuela, siente o come un organismo, hay que examinar el sistema nervioso como un sistema acoplado de percepción, procesamiento y acción. Una cuestión particularmente interesante es si el cableado de un cerebro ya contiene suficiente información para producir un comportamiento significativo en una simulación. Estos modelos no funcionan con conciencia o intención, sino con descripciones matemáticas de neuronas, sinapsis y retroalimentación. Lo crucial es si la estructura realmente se convierte en función y si una simulación nerviosa puede lograr más en condiciones realistas que un mapa estático.
La mosca de la fruta es particularmente adecuada para tales experimentos porque su cerebro es lo suficientemente pequeño para una reconstrucción completa y al mismo tiempo lo suficientemente complejo para comportamientos sorprendentemente diversos. El insecto navega, reacciona a los olores y sabores, limpia su cuerpo y controla movimientos afinados con alta precisión temporal. Aquí es exactamente donde comienza el verdadero desafío de la investigación. Inicialmente, un conectoma solo muestra qué células nerviosas están conectadas entre sí a través de sinapsis. Sin embargo, de esto no se sigue automáticamente cómo el movimiento dirigido surge de patrones de actividad. Esto requiere un modelo corporal en el que los estímulos sensoriales se incorporen a la actividad neuronal y las salidas motoras se retroalimenten al cuerpo. Sólo un entorno virtual de este tipo permite comprobar hipótesis sobre las funciones sensoriomotoras en condiciones controladas, en lugar de limitarse a describir el comportamiento a posteriori.
Cómo el cableado debería convertirse en movimiento

El objetivo del nuevo trabajo es una preimpresión actual sobre el modelo gráfico conectómico de la mosca, en el que los circuitos conocidos del cerebro de la mosca adulta no solo se almacenan, sino que también se utilizan como un gráfico computacional dirigido para tareas de control. El enfoque trata el cableado no sólo como un archivo, sino como una arquitectura operativa. Las entradas sensoriales se introducen en el modelo a lo largo de direcciones de flujo motivadas biológicamente y se traducen en salidas motoras. Los autores describen un enfoque de transmisión de mensajes que transforma la topología estática del cerebro en una estructura computacional dinámica. Esto es importante para la simulación nerviosa real, porque no se entrena una red artificial cualquiera, sino una cuya estructura básica proviene directamente del conectoma. Según el trabajo, esta estructura mejora tanto la eficiencia como el rendimiento de los datos en comparación con los modelos de comparación reconectados o construidos aleatoriamente. El cerebro de la mosca de la fruta se convierte así en un controlador que no está inventado sino anatómicamente predeterminado.
Qué datos proporciona el cuerpo virtual
Para que un controlador de este tipo pueda hacer algo más que clasificar señales, necesita un cuerpo. La base anatómica para esto la proporciona el mapa completo de cableado del cerebro adulto de la mosca de la fruta, que incluye 139.255 neuronas y 54,5 millones de sinapsis. A esta estructura se acopla un modelo biomecánico de la mosca de la fruta, que en la demostración actual se basa en NeuroMechFly y representa 87 articulaciones independientes en una geometría 3D precisa. Los estímulos sensoriales del entorno virtual se traducen en actividad neuronal y se devuelven al cuerpo en pasos de 15 ms. Según los desarrolladores, el cuerpo virtual puede integrar en un circuito de control cerrado estímulos gustativos, táctiles, partes del procesamiento visual y componentes conductuales simples como acercarse, asearse o comer. Es precisamente esta encarnación la que constituye el núcleo metodológico. Sólo cuando el cerebro de una mosca de la fruta no sólo procesa señales sino que las une a un cuerpo, el cableado se convierte en habilidades motoras sensoriales observables.
Donde la manifestación actual tiene límites claros

Por muy impresionante que sea la demostración, todavía no identifica un organismo digital completo. Varios límites se establecen abiertamente y son científicamente decisivos. El acoplamiento actual no utiliza toda la jerarquía biológica motora de la mosca, sino más bien una pequeña selección de señales de salida descendentes como interfaz práctica entre el modelo cerebral y el modelo corporal. Algunas entradas visuales se han integrado hasta ahora de manera preparatoria y aún no influyen completamente en el comportamiento. Además, el modelo subyacente de integración y disparo con fugas, aunque biológicamente más plausible que una red computacional puramente abstracta, no contiene reglas integrales de plasticidad para el aprendizaje o la memoria a largo plazo. El conectoma en sí también describe principalmente el cableado, no automáticamente las propiedades biofísicas exactas de cada sinapsis. Por lo tanto, un cuerpo virtual ya puede crear secuencias de movimiento creíbles sin afectar completamente todos los cálculos internos del animal real. Es precisamente esta diferencia entre similitud conductual y completitud biológica la que sigue siendo fundamental para la clasificación.
Por qué el paso sigue siendo importante
A pesar de estas limitaciones, el paso es científicamente relevante porque tiende un puente entre la anatomía, la inteligencia artificial y la biología del comportamiento. Hasta ahora, muchos proyectos de conectomas han terminado en el mapeo. En cambio, aquí comienza la fase en la que se utiliza un conectoma como modelo de trabajo funcional. Esto no sólo es interesante para la investigación básica. En el futuro, estos sistemas podrían ayudar a probar hipótesis sobre la integración sensorial, la toma de decisiones y el control motor más rápidamente porque las entradas, la resolución temporal y las condiciones ambientales pueden variar sistemáticamente. Esto es igualmente importante para la informática porque el trabajo muestra que las arquitecturas de red desarrolladas biológicamente podrían servir como modelo para un control sólido en sistemas incorporados. El cerebro de la mosca de la fruta no se convierte en una prueba de la conciencia de la máquina, pero sí se convierte en un campo de pruebas serio para la IA encarnada. Especialmente en la combinación de conectoma, entorno virtual y modelo corporal preciso, la pregunta pasa de ¿Se puede mapear un cerebro? a ¿Qué se puede predecir realmente a partir de su estructura?
arXiv, el modelo de gráfico conectómico de todo el cerebro permite el control de la locomoción de todo el cuerpo en la mosca de la fruta; doi:10.48550/arXiv.2602.17997
Naturaleza, diagrama de cableado neuronal de un cerebro adulto; doi:10.1038/s41586-024-07558-y
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