¿Podrá el PSOE ganar las elecciones en Castilla y León? ¿Se puede descargar Vox? 5 Diferencias entre las encuestas de Aragón y Extremadura

En la 'tournée' electoral autonómica que vive España desde diciembre, la tercera estación puede deparar alguna que otra sorpresa. O, al menos, puede cambiar el guion escrito hasta ahora. Castilla y León abre este viernes una campaña electoral que se verá atravesada por la pugna negociadora que mantienen PP y Vox en las dos comunidades vecinas que ya votaron (Extremadura y Aragón), mientras que el PSOE sale a evitar un tercer descalabro consecutivo. De cara al 15 de marzo, Pedro Sánchez y Alberto Núñez Feijóo se van a volcar más que en las citas anteriores, quizá porque las expectativas que dibujan las encuestas difieren de la fotografía que arrojaron las urnas extremeñas y aragonesas. Veamos algunas similitudes y diferencias.
La principal diferencia es que el PP no tiene garantizada la victoria electoral. En esta ocasión, el promedio de las encuestas publicadas sitúa la ventaja del PP sobre el PSOE en 3,5 puntos, lo que se traduce en apenas dos escaños de diferencia entre ambos. En Aragón, la brecha a favor del PP en los sondeos era de 13 puntos y en las urnas acabó siendo de 10 puntos. En Extremadura, las encuestas preveían una distancia de 9 puntos, pero al final superó los 17 puntos en las urnas. Es decir, el presidente de la Junta de Castilla y León, el popular Alfonso Fernández Mañueco, parte con un colchón mucho menos holgado que sus homólogos, teniendo en cuenta el margen de error de los sondeos, lo que da esperanzas al PSOE de llegar a ser la primera fuerza (aunque sea por la mínima). Cosa distinta es que, aunque pierda, solo el PP tenga opciones de gobernar.
Las dos amargas victorias que el PP ya tiene en su haber no fueron idénticas. Mientras la extremeña María Guardiola subió cuatro puntos y un escaño, el aragonés Jorge Azcón bajó un punto y dos escaños. La media de las encuestas sitúa a Mañueco más en la línea de Guardiola que de Azcón, pero esta vez con mucha más igualdad con los socialistas. En 2022, cuando anticipó las elecciones en busca de una mayoría estable, el presidente de la Junta ganó por apenas 1,4 puntos al PSOE y quedó en manos de Vox, que triplicó sus apoyos. Ello desembocó en la primera coalición de gobierno PP-Vox, por lo que el 15 de marzo será el primer examen efectivo de esta alianza en las urnas. ¿Pesará más la gestión autonómica o el encontronazo nacional? En cualquier caso, si en algo coinciden los sondeos es en que, aunque el PP quedase segundo, la única suma que alcanzaría seguro la mayoría absoluta sería la del bloque de la derecha.
En la dirección del PSOE creen que Castilla y León será árnica para sus huestes después de dos golpes muy dolorosos. Las encuestas le otorgan ahora mismo un procurador más y un porcentaje de voto muy similar al de 2022, alrededor del 30%. Un panorama muy distinto al de Aragón, donde perdió cinco puntos, y Extremadura, donde cayó 14 puntos, quedándose en ambos casos alrededor del 25% de los votos. Mantener la cosecha sería todo un logro en el contexto actual y en la comunidad que suma más años gobernada por un mismo partido, el PP, que lleva en el poder desde 1987. Pero también es la autonomía con más municipios de España (2.248, una cuarta parte del total), lo que depara un tablero electoral disperso y con peso rural que explica la apuesta del PSOE como candidato por Carlos Martínez, el único alcalde socialista de capital de provincia (Soria) con mayoría absoluta. Y el menos sanchista de los barones.
Un crecimiento paralelo de PP y PSOE provocaría el frenazo en seco de la actual escalada de Vox. El promedio de sondeos concede dos procuradores más a los ultras, una mejora discreta comparada con los siete diputados que sumó en Aragón y los seis de Extremadura. Hay que recordar que Castilla y León ostentaba, hasta hace tres semanas, el récord de apoyo electoral a la extrema derecha, con el 17,64% de los votos logrado en 2022. En Aragón acaba de superar ese porcentaje por dos décimas, y tanto allí como en Extremadura, Vox partía de unos resultados inferiores a los de Castilla y León. Si populares y socialistas no sufren demasiado desgaste, los ultras tendrán difícil mantener la pujanza. Además, al haber hasta nueve provincias con una población tan pequeña (2.097.768 votantes) y un reparto desigual de los escaños, el sistema electoral puede provocar que una subida general en votos no implique un aumento proporcional de representación.
Nunca antes en Castilla y León tantos partidos han tenido aspiraciones reales de entrar en las Cortes, y eso que en el hemiciclo saliente hay ocho formaciones. En sintonía con sus cuitas nacionales, el espacio a la izquierda del PSOE concurre dividido en dos papeletas: En Común (IU-Sumar-Equo) y Podemos-Alianza Verde. Pero un factor clave, distinto de Extremadura y mayor que en Aragón, pueden ser las fuerzas provinciales. Unión del Pueblo Leonés (UPL) apunta a batir de nuevo su récord del 2022 (tres escaños), aupado por un autonomismo que ha prendido en muchos ayuntamientos con mociones que reivindican abrir una vía legal para que León, Zamora y Salamanca se segreguen de Castilla. Menos halagüeñas son las perspectivas para Soria Ya, que en 2022 rozó el 43% de los votos y casi duplicó a PP y PSOE en la circunscripción más pequeña de las nueve (elige 5 diputados frente a los 15 de Valladolid), que ahora presenta un resultado mucho más abierto.
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