“Me esperan hasta 15 días y me sientan a la mesa a comer”

"Al final se crea una relación personal. El otro día fui a Bembibre (Burgos) a cortarle el pelo a unos pastores jóvenes. Su madre me preguntó que si había comido, que me ponía un plato, que tenía puré y pollo de corral. Joé, es el mayor manjar que me puedes dar. Luego, que si me gustaba la cecina, que acababan de hacer. Me dio también huevos de las gallinas que crían. Al final, ni les cobras el corte. Valoro mucho el trato humano, algo que se está perdiendo. A veces ya entras por la puerta directa, no llamo ni al timbre. Es una relación completamente distinta".
Esther Angulo, peluquera rural, en uno de sus viajes por las ciudades de Burgos. / EL PERIÓDICO
Esther Ángulo Tobar es una peluquera rural de Burgos por profesión y por devoción, de esas castellanas que aman vivir en Castilla, recorrer sus pueblos, hablar con sus gentes, porque hay mucho en ello despojado de artificios, más natural, más humano, alejado de los vértigos de vida de las ciudades. Tras 13 años trabajando de peluquera en Villodrigo (Palencia), Esther tenía ya muy claras las "necesidades" acuciantes que tenían los pueblos, carentes de dentistas, de médicos, de peluqueros... las personas mayores tienen que tirar de familiares o amigos para que les lleven a otros pueblos más grandes a varios kilómetros, postergando a veces semanas o meses lo que tienen que hacer.
"No puedo estar más a gusto; al final no me llama nadie a la que no le guste. Ahora me llegan a esperar hasta 15 días", comenta Esther, peluquera en Burgos
"Es muy triste lo que está pasando; yo por entonces tenía ya una cartera de clientes que me conocían y me cogí la furgoneta. Iba a los pueblos donde no había servicios. Empecé llamando a los ayuntamientos a ver si les gustaba la idea, y en algunos me dejan incluso un local", relata Esther, que dice que no puede "estar más a gusto; al final no me llama nadie a la que no le guste. Me libro del cliente que llega de paso. Ahora me llegan a esperar hasta 15 días. La gente me da pan, calabacines...".
La carnicería que se convirtió en peluquería
En Pedrosa del príncipe (139 habitantes) trabaja en la asociación de jubilados, donde usa el material que compraron a una peluquera del pueblo que se jubiló. En Mahamud (107 habitantes) usa de local la carnicería. "La mayoría de veces es en casa de señoras", dice Esther, que va itinerante, con sus herramientas repartidas en cajitas que sube y baja de su furgoneta con la que tiene un radio de acción de 60 kilómetros. Cada día le toca una zona. Y el viernes pasa revista en Tardajos, su pueblo. "Cobro 15 euros a hombres y 20 euros más peinado a mujeres. Algunos piensan que me hago rica, pero no".
Un vecino de un pueblo de Cuenca entra en la furgoneta de la clínica Ruraldent, que presta servicios odontológicos en localidades de la provincia. / ELPERIÓDICO
Esther no es la única peluquera itinerante de la España vaciada. De Zaragoza son Natalia y Eneko, que hace años montaron 'The Hair Truck', una furgoneta-peluquería dotada de lavabo, secador, tijeras y maquinillas, entre otras cosas, con la que recorren las zonas rurales de Aragón. En Sevilla está Pelumóvil, donde ofrecen peluquería y servicio de estética a domicilio por varias zonas de Andalucía. En Cuenca hay hasta un podólogo que pasa consulta de forma itinerante por los pueblos con menos habitantes, y un servicio de dentistas, Ruraldent móvil.
"Los vecinos nos hacen paellas, nos traen bizcochos", comentan en Ruraldent móvil, donde dentistas recorren pueblos de Cuenca con un camión con todo el material necesario
"Devolver la fidelidad"
"Nosotros tenemos tres clínicas en pueblos y una unidad móvil", asegura Irene Álamo, directora de operaciones de Ruraldent, que lleva desde diciembre de 2024 ofreciendo su servicio en las zonas más despobladas. Todo empezó cuando la dueña, Raquel Pardo, que ejerce como dentista en San Lorenzo de la Parrilla (1.040 habitantes) desde hace 28 años, se dio cuenta de que sus pacientes de pueblos de alrededor se iban haciendo mayores y "no podían acudir".
Esther Angulo peina a una señora en un pueblo de Burgos. / EL PERIÓDICO
"Sentía esa necesidad de devolverles a sus clientes toda esa fidelidad y poderles dar el servicio aunque no se pudieran desplazar. Comenzó con su propio vehículo y se dieron cuenta de toda la necesidad estructural que había en toda la España vaciada, de ahí surgió la idea de una unidad móvil", relata Álamo sobre una iniciativa que necesitó de una regulación específica de la Diputación por la que estuvo luchando varios años y que también ha ganado concursos de emprendimiento.
Comenzaron trabajando de la mano de la Unión de pensionistas, que tiene más de 20.000 socios, y de asociaciones vecinales, y desde entonces no han parado. "En la actualidad llevamos más de 30 municipios y 650 pacientes. Hay pacientes que necesitan dos o tres consultas", explican en Ruraldent, que tiene dos doctores -generalistas e implantólogo- y cuyo camión dispone de todo el instrumental necesario: "Tenemos rayos X y hacemos cirugías dentro", señalan, si bien lo más común son los tratamientos higiénicos y periodentales, así como extracciones por dolor o prótesis dentales.
El servicio se adapta a las necesidades del cliente y suelen acudir a pueblo por día, con la "agenda de pacientes ya cerrada". "La gente está superagradecida de que la acerques el servicio a su pueblo, a su casa. Los vecinos nos hacen paellas, nos traen bizcochos", añade Irene, que precisa que están estudiando la posibilidad de tener una segunda unidad y ampliar sus servicios a otras zonas de Castilla-La Mancha.
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