Los niños evacuados intentaron volver a jugar en Villaviciosa de Odón: “Salté de la cama asustado y no podía ni abrir los ojos”

En una esquina del Polideportivo de la Federación Madrileña de Judo, en Villaviciosa de Odón, mientras los adultos miran el móvil, preguntan por sus casas o hacen cuentas sobre cuántos días más tendrán que dormir fuera, un grupo de niños pinta, juega y trata de distraerse. Hay rotuladores, monitores, dibujos, algo de ruido debido a esos toques con el balón que hacen natural ese estado de 'normalidad' improvisada que solo se entiende en mitad de una emergencia. El fuego les sacó de casa, pero en este punto de acogida de la Comunidad de Madrid se intenta que, al menos durante un rato, sigan siendo niños. "Ahora mismo tenemos alojadas 260 personas", explica Juan Pedro Izquierdo, regidor de Villaviciosa de Odón a El Periódico de España.
El centro de acogida de Villaviciosa de Odón proporciona tranquilidad, comida y apoyo a los vecinos desplazados por el incendio. / ASMN
La mayoría proceden de Chapinería, Navas del Rey y Pelayos de la Presa, aunque también han llegado vecinos de Cadalso de los Vidrios, Aldea del Fresno y de otros municipios afectados en menor número. Entre todos ellos hay unos 30 o 35 menores. "Los niños están con actividades infantiles, de pintura, con monitores, para que estén entretenidos y pensando en otra cosa", señala Izquierdo. Porque esa es, precisamente, una de las prioridades en el polideportivo: que el incendio no lo ocupe todo. "Me asusté. Salté de la cama". Uno de esos niños se llama Ayoub, tiene 13 años y es de Navas del Rey. Estaba dormido cuando llegó el aviso. Como tantos menores en verano, apuraba la mañana en la cama, sin colegio, sin horarios y sin imaginar que en unos minutos tendría que salir corriendo de casa. "Me asusté. Salté de la cama y no podía ni abrir los ojos", cuenta. Su madre le pidió que leyera el mensaje de alerta que les había llegado al móvil, pero al principio ni siquiera podía enfocarlo. "No podía leerlo hasta que vi que decía que nos teníamos que evacuar. Entonces nos preparamos rápido y nos fuimos".
Ayoub, de 13 años, en el lugar de acogida de Villaviciosa de Odón, donde se reencontró con otros vecinos de Navas del Rey tras abandonar su domicilio por el avance del fuego. / ASMN
No vieron las llamas de cerca, pero sí olieron el humo. "Intentamos ir a un sitio donde queríamos verlo, pero no podíamos. Solo veíamos el humo", recuerda. Llegó al punto de acogida con su familia y allí se reencontró con amigos del pueblo. En medio de la incertidumbre, ese pequeño reencuentro ha servido de refugio. "También han venido mis amigos de Navas del Rey", dice. En un lugar que no es su casa, encontrar caras conocidas ayuda a que todo pese un poco menos. Su madre recuerda que la evacuación llegó de golpe. "La Policía del pueblo empezó a hablar por el micrófono diciendo que nos teníamos que ir porque el fuego ya se estaba acercando. Nos dieron como 20 minutos para salir", relata. "Hemos salido con lo puesto. La documentación y ya está. El coche y salir pitando". Otra mujer, también evacuada con sus hijos, lo resume con la misma mezcla de miedo y rapidez: "Mandaron un mensaje de alerta y salimos todos, mis hijos, mi marido y yo". Sus tres hijos tienen 15, 13 y 9 años. Cuando tuvieron que marcharse, estaban todavía dormidos. "Sintieron miedo. Mucho", admite.
Una niña carga su móvil en el punto de recepción de Villaviciosa de Odón mientras las familias evacuadas esperan noticias sobre sus viviendas. / ASMN
Un polideportivo convertido en refugio El Polideportivo de la Federación Madrileña de Judo se ha transformado estos días en un refugio con camas, comida, ropa, zonas de descanso, espacios para rezar y salas para que los niños puedan jugar. Hay familias enteras, personas mayores, vecinos que han tenido que salir solos y otros que han llegado después de pasar incluso alguna noche en el coche. "Anoche vinieron un par de familias que estaban durmiendo en un coche", explica Izquierdo. "Se han enterado de que estábamos aquí, por vecinos o amigos, y les han dicho que estábamos en muy buenas condiciones". El ambiente, asegura el alcalde, es sorprendentemente sereno. "La convivencia es muy buena. Yo creo que incluso sorprendentemente la gente está muy tranquila, gracias a Dios", señala. Aun así, todos comparten las mismas dos preguntas: qué ha pasado con su casa y cuántos días van a tener que seguir allí. La segunda, de momento, nadie puede contestarla. "Nosotros les vamos diciendo día a día lo poco que sabemos", explica. Por eso, el Ayuntamiento trabaja siempre con un margen de previsión.
Colchonetas, comida y actividades para niños en el polideportivo de Villaviciosa de Odón, habilitado como refugio de emergencia para evacuados. / ASMN
"Estamos planificando un día más de desayunos, comidas y cenas. Mañana ya está totalmente planificado". Comida, ropa y una convivencia cuidada. La logística del centro se sostiene gracias a una red de colaboración que mezcla administración, voluntarios, vecinos, restaurantes y entidades sociales. Durante los primeros días, varios restaurantes del municipio colaboraron con donaciones. Ahora, la comida y la cena llegan a través de la Asociación de Cocineros y Reposteros de Madrid, ACYRE Madrid, mientras que los desayunos y otros productos se completan con donaciones. La ropa se canaliza a través de la asociación de vecinos y de Cáritas de Villaviciosa. El Ayuntamiento ha pedido no llevar más cosas sin coordinación previa. "No hemos querido lanzar ningún mensaje para traer cosas porque tenemos todo cubierto", explica Izquierdo. "A veces, con toda la buena voluntad, empieza la gente a hacer limpieza de armario, y no es necesario". Sí ha habido necesidades puntuales, sobre todo ropa interior nueva. "Eso sí lo hemos necesitado", reconoce el regidor. "A través de la asociación de vecinos y de Cáritas lo hemos conseguido".
La diversidad de los acogidos también ha obligado a cuidar los detalles. Hay vecinos españoles, personas de origen musulmán y familias hispanoamericanas. Se han habilitado espacios para la oración y se adaptan los menús para que todos puedan comer.
"Aquí estamos a salvo"
Carmen llegó desde Pelayos de la Presa. Es de Bolivia y lleva un año en España. Vive de alquiler con su marido y sus dos hijos, de 19 y 12 años. Primero los trasladaron a Chapinería y después llegaron a Villaviciosa de Odón. "Estamos bien. Aquí estamos salvos", dice. Pero antes de llegar al refugio, recuerda un fuego "tremendo". "El fuego avanzó. Estaba muy alto, estaba ardiendo", destaca. Intentaron resistir en casa hasta la noche, pero el humo lo hizo imposible. "Queríamos volver a casa, pero había mucho humo. La Guardia nos dijo que no podíamos entrar, que estaba peligroso". Entonces esperaron en la avenida hasta que llegaron los autobuses. En el polideportivo no conoce a demasiada gente, aunque ha encontrado a otros vecinos de Pelayos de la Presa. Esa mezcla de caras familiares y desconocidas se repite en todo el pabellón. Cada familia trae una historia distinta, pero casi todas empiezan igual: una alerta, una orden de evacuación, una bolsa mal hecha o directamente ninguna bolsa, y la salida urgente de un pueblo cubierto por el humo.
Colchonetas, comida y juegos infantiles en el polideportivo de Villaviciosa de Odón, que se habilitó como refugio de emergencia para los evacuados. / ASMN
Cocinar para aliviar
En la cocina de esta emergencia también hay una historia de solidaridad. Eduardo Casquero, presidente de ACYRE Madrid, explica que la asociación ha activado su rama solidaria para llevar comida a varios puntos de acogida. "Lo que intentamos es llevar comida a aquellos puntos que tienen una situación especial y complicada, y aportar lo que buenamente podamos", señala. "Al final se trata de mejorar la situación de otras personas que ya de por sí es complicada". ACYRE está distribuyendo comida en Villaviciosa de Odón, Villanueva de la Cañada y Villamantilla. Elaboran los platos en Mercamadrid y los trasladan después a los centros.
En el menú buscan algo sencillo, fresco y nutritivo: ensalada de legumbres con atún, fruta, zumos o albóndigas, entre otros platos. "Intentamos que sea una dieta lo más equilibrada posible", explica Casquero. También tienen en cuenta las necesidades culturales y religiosas. "El cerdo no podemos utilizarlo. Usamos básicamente pollo, pavo y ternera". La comida, en un punto de acogida, no es solo comida. Es rutina, cuidado y una forma de decir a quienes han salido corriendo que alguien está pendiente.
Agapita y Félix, el matrimonio de Chapinería que buscó refugio en Villaviciosa de Odón. / ASMN
Entre las historias del polideportivo también están Agapita y Félix, matrimonio de Chapinería, de 82 y 90 años, que han acabado en Villaviciosa de Odón tras ser evacuados por el humo y las cenizas. Ella sonríe incluso en mitad del cansancio y solo piensa en volver para comprobar cómo están su casa y sus plantas. "Estoy un poco cansada, ya deseando irnos a casa", cuenta Agapita. Le preocupan sus flores, ese pequeño universo doméstico que dejó atrás de golpe. "Estoy preocupada por mis pequeñas plantas y por mis flores. La casa espero y deseo, quiero creer que esté sana y que no haya pasado nada". Agapita y Félix representan otra cara de la emergencia: la de los mayores que no tienen prisa por nada salvo por volver a lo suyo. La de quienes han vivido mucho, han trabajado en el campo, han criado animales, han visto cambiar los pueblos y ahora vuelven a dormir fuera de casa por culpa del fuego.
La solidaridad en Villaviciosa de Odón: "Tenemos lista de espera"
Una lista de espera para ayudar Villaviciosa de Odón se ha volcado con el dispositivo. Comerciantes, vecinos, asociaciones y también desde la parroquia han ofrecido ayuda desde el primer momento. "Se ha volcado todo Villaviciosa", agradece Izquierdo. Hasta el punto de que han tenido que organizar turnos y frenar nuevas incorporaciones. "Tenemos lista de espera de voluntarios. Hemos tenido que parar para que la gente no venga".
El polideportivo de Villaviciosa de Odón se ha convertido en un refugio para quienes tuvieron que abandonar sus casas con la ropa ante el avance del fuego. / ASMN
En el polideportivo hay turnos de unas 10 o 15 personas, según el momento del día. La coordinación depende de Alcaldía y el regidor lleva desde el viernes prácticamente instalado allí. "Solo voy a casa a dormir", reconoce el edil del municipio. Mientras tanto, los niños siguen pintando. Los adultos siguen mirando el móvil. Las familias salen a pasear por el casco urbano porque "nadie está recluido" y todos pueden entrar y salir. Pero al final del día, cuando cae la tarde y vuelve la pregunta que nadie sabe responder, la espera pesa más. La casa. El pueblo. La vuelta. Eso es lo que todos quieren saber.
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