Un cóctel de vegetación seca, calor y baja humedad explica la intensidad de los incendios extremos en Madrid y Ávila

Un cóctel de vegetación seca, calor y baja humedad explican la intensidad de los incendios extremos de Madrid y Ávila. Una emergencia ante la que han reaccionado expertos como Eduardo Rojas Briales, profesor de la Universitat Politècnica de València y exsubdirector general de la FAO, que, en declaraciones recogidas por Science Media Centre España, dice que la voracidad de los fuegos responde a una acumulación de factores entre los que destacan "dos años seguidos muy lluviosos con un súbito parón de lluvias en mayo y la llegada inmediata del verano con altas temperaturas constantes y baja humedad".
Se suma, añade el experto, que se trata de la zona del sistema Central "con menor precipitación por la reducción de la altitud de las cotas más altas y, por ello, una vegetación más xerófita y proclive a quemar que en otras áreas del sistema Central".
A todo ello, "se une un desplazamiento hacia el norte del contraalisio (viento de origen tropical seco y cálido del SW) en los últimos años que se precipita a tierra en zonas elevadas al sur del carrusel de borrascas templadas y que se conoce bien en Tenerife y La Palma, en los incendios de los pinares más elevados".
Lluvia y tormentas

Eduardo Rojas Briales, afirma que, desde la vertical de Ávila ciudad, hasta prácticamente El Escorial (Madrid), el sistema Central se hunde unos 1.000 metros, perdiendo mucha de su capacidad de atracción de lluvia y tormentas, facilitando también el intercambio de masas de aire más cálidas y secas desde el sur.
"Con ello, desaparecen los elementos templados y de alta montaña (pino silvestre, rebollo…) para ser sustituidos por pino pinaster y piñonero, además de encina. Adicionalmente, los suelos no retienen mucha agua ni nutrientes y son bastante superficiales", abunda.
Finalmente, apunta este experto, "la fuerte presión inmobiliaria de Madrid y la calidad de estos paisajes ha generado muchas construcciones dispersas en parte anteriores a una regulación urbanística moderna y que comportan muchos riesgos y distracción de efectivos".
La vegetación
Víctor Resco de Dios, profesor de Ingeniería forestal y Cambio global de la Universidad de Lleida, señala, por su lado, que "la intensidad de las temporadas de incendios ha aumentado entre un 30-40 % a nivel promedio en las últimas décadas".
"Llevamos advirtiendo de esto muchos años. Este aumento en la intensidad se debe a toda la energía guardada en los montes en forma de biomasa, como resultado del abandono rural y, en ocasiones, de políticas ambientales excesivamente proteccionistas. También, por otro lado, porque la atmósfera está cargada de energía desecante, como consecuencia de la quema de combustibles fósiles", indica Resco de Dios que también es investigador de Agrotecnio.
La vegetación

En cuanto al papel que juega la vegetación en estas zonas, Resco de Dios abunda que "lo importante no es el tipo de vegetación, sino el tipo de combustible, es decir, cuánta biomasa existe y, sobre todo, cómo está conectada espacialmente. Por eso hablamos de crear paisajes mosaico, donde se crean discontinuidades en el paisaje: zonas donde la intensidad de las llamas disminuye y los bomberos pueden apagar los incendios".
Asegura que se apunta a los pinos y eucaliptos como culpables de los incendios cuando "la realidad es que el 70 % de lo que quema son matorrales y que la superficie de pinares afectada está disminuyendo (los incendios en eucaliptales siempre han sido anecdóticos, pues ocupan una superficie muy pequeña)".
Espacios protegidos
Por el contrario, los estudios indican "cómo los espacios protegidos arden cada vez más, precisamente por esa continuidad en la vegetación y en la biomasa (lo que no quiere decir que los espacios protegidos sean malos, sino que hay que gestionar el combustible y el fuego)".
¿Qué puede hacerse para que las llamas no causen tantos daños?: "Gestionar el combustible, la biomasa, lo que quema en un incendio. Debemos gestionar un millón de hectáreas a escala nacional, centrados en unos ejes de confinamiento a escala nacional y regional, puntos estratégicos a escala de macizo y luego, adicionalmente, a escala local con los planes de prevención", responde el profesor de Ingeniería Forestal.
Proteger las viviendas

A la pregunta de cómo proteger las viviendas y el entorno de las zonas afectadas, Eduardo Rojas Briales indica que "un primer paso es dotarse de normativa autonómica orientada a prevenir incendios en las zonas de interfaz urbano-forestal (un fuego que se propaga en el límite donde las zonas habitadas y las áreas forestales se encuentran o se mezclan) adaptadas a cada territorio y legislación".
Seguidamente, añade, "exigir a los ayuntamientos de forma individual o conjunta disponer de planes para prevenir y minimizar incendios de interfaz en un sentido integral, ofreciendo ayudas para su ejecución, especialmente, a los ayuntamientos más pequeños y con menor capacidad económica".
Dentro de las actividades previstas debe preverse formación y simulacros con los vecinos, especialmente, en relación con la evacuación cuando se requiera. "Hay comunidades autónomas que han avanzado mucho en este ámbito y podrían utilizarse de referencia con las adaptaciones necesarias", zanja.
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