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Una fogata en el chalet donde ocurrió el asesinato de Asunta Basterra en 2013 alertó ayer a los vecinos de Cacheiras en Teo ya que algunas de las personas que viven cerca pensaban que se trataba de un nuevo incendio tras lo cual se registrará el pasado mes de octubre. Según algunos testigos, una persona se encuentra agazapada en la casa de tres pisos de A Póboa. La casa pertenecía a Rosario Porto, quien falleció en noviembre de 2020 tras suicidarse en el Penal de Brieva (Ávila), donde fue condenada a 18 años de prisión por el asesinato de su hija.

El incidente anterior alrededor de esta casa ocurrió en la madrugada del 11 de octubre después de que parte de la propiedad fuera incendiada hasta morir. Según los vecinos de la región, la casa lleva años a la venta pero no se ha puesto de moda. Sin embargo, tanto ladrones como ocupantes ilegales han entrado en él repetidamente. De hecho, desde hace algún tiempo hay ocupantes ilegales que entran con frecuencia a la casa, aunque algunos no están de forma permanente, pero se van a dormir y consumen alcohol y otro tipo de sustancias.

Por ello, la investigación se centró en dos posibilidades: que fuera intencional o que fuera cometido por error por los ocupantes ilegales, ya que cuando se extinguió el fuego se encontraron colchones en el piso y se arrojaron libros que podrían usarse para hacer fogatas.

Las llamas comenzaron en la planta baja, pero cuando llegaron los bomberos después de que los vecinos alarmados, el fuego se había extendido libremente durante mucho tiempo, calcinando toda la planta baja y afectando las otras dos plantas e incluso dañando la estructura de la casa.

De acuerdo con hechos probados en sentencia ratificada por la Corte Suprema, Asunta Basterra falleció el 12 de septiembre de 2013 en la villa de Teo de su madre, Rosario Porto, quien trasladó el cuerpo a un camino forestal donde fue encontrado horas después por un vecino en el área.

El jurado popular del juicio, celebrado dos años después, declaró culpables a los padres que elaboraron un plan conjunto para acabar con la vida de los menores, a quienes les suministraron sedantes tres meses antes de su muerte.

Ambos fueron condenados a 18 años de prisión por homicidio agravado por el parentesco. Alfonso Basterra cumple condena en la cárcel de Teixeiro.


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