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Cuesta era el menor de diez hermanos, “toda una vida de Oviedo”, y tuvo una infancia difícil. Su madre murió en la guerra civil y fueron su padre y sus hermanos quienes la ayudaron a sobrellevar la dura posguerra española.

En 1955 decidió probar suerte lejos de casa y emprender un largo viaje a Venezuela. Aprendió a coser en un país sudamericano. Después de una década de horas y horas de enhebrar hilos y dar en el clavo, logró recaudar suficiente dinero para regresar a su país y comenzar su propio negocio.

Elena Cuesta, en su tienda en 2000. En la foto de abajo el funeral de ayer en San Isidoro. | | LNE Lucas BLANCO


Ella no lo hizo sola. Un apuesto joven del noreste que también había emigrado a países venezolanos le había robado el corazón. Comenzaron una vida juntos en Asturias. Elena se casó con Mariano Bobes y, junto a su hermana Mari y su cuñado Adolfo Fernández, se hizo cargo del traslado de la histórica sombrerería frente a la Iglesia de San Juan, que fue inaugurada en 1923 por el valenciano José Albiñana.

La única condición para los herederos del empresario levantino era conservar el nombre del establecimiento central, que se consolidó gracias a una clientela predominantemente militar y aficionados al bombín y al bombín.

La nueva fase del negocio comenzó en 1964 con los hombres como rostros visibles y las mujeres enfocándose más en la contabilidad y la crianza de sus hijas. Poco después, Elena se puso detrás del mostrador y desde entonces su rostro se ha convertido en sinónimo de buen tocado en toda la región.

“Ella era muy innovadora, sabía muy bien cómo ver las oportunidades de negocio”, apunta a Luis Bobes, quien junto a su hermana Eva retomaron sus actividades en dos locales luego del cierre de la emblemática tienda Melquiades Álvarez.

Oportunidad “mundial”

Como ejemplo de la clarividencia de su madre, Bobes cita el nicho empresarial descubierto en el Mundial de 1982: “Pasó meses y meses cosiendo banderines austriacos, argelinos y chilenos, pero valió la pena”. Es un recordatorio del gran éxito de una actividad que desde entonces forma parte del portfolio de la Sombrerería de Albiñana.

Tanto Elena como su inseparable esposo continuaron en la base del cañón hasta convertirse en Octogenes. Ambos completaron un periodo de casi medio siglo en 2009, durante el cual fueron habituales sus viajes por España para encontrar los mejores materiales del mercado. “No ahorraron kilómetros para ofrecer a sus clientes la máxima calidad posible”, Bobes recuerda un matrimonio que había quedado paralizado hace cuatro años por la muerte de su padre.

Más de cincuenta personas entre sus hijos, nietos y muchos clientes y amigos, Hoy se despidieron por última vez del odiado visionario en un funeral en la Iglesia de San Isidoro el Real.

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