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La UD no ganó en Oviedo porque no disparó. Tan complejo como es el arte de ganar, tan simple es la explicación de que no se logrará ningún objetivo. En un partido trastornado y aburrido entre la ineficacia de la UD y las limitaciones del conjunto asturiano, la eliminatoria suena a un castigo conjunto por no hacer pobre a nadie.

Mel mantuvo el mismo once que le fue tan bien ante el Mallorca el día anterior, pero todo fue mera propaganda ya que la actuación colectiva fue más que discreta. Rescatando a Valles, que resolvió las numerosas acciones que se le exigían, los demás caminaron de puntillas entre los animales. El otro nombre propio fue el de Jesé, que vio una tarjeta roja directa por un duelo por detrás contra Sangalli en el minuto 65 y dejó al equipo a los diez. La acción desató muchas protestas en primera línea, pero se arriesgaba demasiado en la zona de nadie debido a la disputa por el balón y el árbitro, tras consultar al VAR, no modificó su decisión de mandarlo a la ducha.

La primera parte fue un desperdicio para UD, ya que no pudo crear una oportunidad de gol por mucho que los anfitriones le permitieran tomar la iniciativa y apenas discutieran la posesión. De nada les sirvió a los chicos de Mel controlar la situación, pues Jesé, Rober o Araujo eran absolutamente estériles e irrelevantes en esta etapa. Porque no hubo noticias del meta local directamente.

No es que el Oviedo haya hecho mucho más para encontrar un equipo que está teniendo serias dificultades para conectar tres pases y que ha puesto toda su suerte en juego directo y balón compartido. Pero dentro de sus límites al menos obligó al Valles a justificar su trabajo diario con dos despejes, el primero en el minuto 5 del disparo de tacón de Borja y el segundo, más complejo, de la zurda de Tejera desde la frontal con un efecto extraño, ya después. media hora.

Así el partido se prolongó hasta el descanso, sin ritmo, lleno de imprecisiones y con los protagonistas, más preocupados por evitar daños que por sugerir desde el centro del campo.

Nada mejoró después del descanso. Peor aún fue con la expulsión de Jesé. Valles seguía apareciendo en la foto, muy seguro bajo palos y en las salidas. El portero andaluz fue especialmente tacaño para sacar el primer golpe cuando recibió un balón de media altura de Nahuel que pudo tener graves consecuencias.

Y entremedio, de la roja a Jesé a la parada de Valles, el segundo juega en su máxima crudeza con un fútbol equilibrado hacia la nada y la sensación de que la UD podría haber salvado el viaje a Asturias.


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