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“Es una pena, de verdad, una pena”, se queja el supervisor de la escuela al abrir las puertas del salón. Lo que comenzó como una plaga de termitas en un piano que apenas resistía en el escenario se ha convertido, a lo largo de los años, en una situación sin vuelta atrás. Las plagas han dado a los asientos una segunda pátina con un hongo blanco suave y pegajoso. El olvido de la administración pública ha servido a los insectos en el auditorio en bandeja de plata.

El cuidador observa los deslizamientos de tierra en el salón de actos. Miki López


El liderazgo del centro y la asociación de padres y estudiantes cuentan una serie interminable de cartas, solicitudes, reuniones, buenas palabras, proyectos, solicitudes, compromisos y plazos. Una odisea de infinitos giros y vueltas entre el ayuntamiento y el principado que produjo un único resultado: la ruina. “Lo último que pedimos es que se lo lleven todo, que lo vacíen”, dice Elena Canga, representante de la AMPA. del centro. Bastantes del “abandono” al que fueron expuestos por la administración, patrocinaron una campaña para salvar el auditorio.

Un archivo de diciembre de 2018 contiene el proyecto regional de climatización del auditorio y eliminación de problemas de humedad. Nunca se llevó a cabo. Primero fue la lentitud urbanística en la obtención de la licencia de obra, luego un cambio en la normativa europea y hace dos meses el tema volvió a la casilla de salida. La empresa ganadora se ha rescindido del contrato. Lo que obligó al Ministerio de Educación a retomar todo el proceso. Hoy, todavía no hay fechas límite. Solo hay una partida en el presupuesto de 200.000 euros. Un número que es más que suficiente con cada día que pasa y se suma el daño.

El piano en el que comenzó la plaga de termitas. Miki López


Las obras se retrasaron varios años, principalmente por la lentitud en la tramitación de los permisos municipales para la obra, que se demoraron prácticamente dos años. A fines del año pasado se activó la licencia y se incorporó al presupuesto regional la partida para la ejecución de la obra. Pero, Los empleados de la escuela denuncian que “nadie ha pasado por aquí desde la última vez que salimos de la empresa”.

Es un problema “sangriento”, afirma Canga, recordando que La Gesta es un edificio protegido. La herida del aula no es la única que sangra en la escuela. Su polideportivo también está cerrado y los pasillos están inundados de lluvia. Y los padres y el personal del centro dicen que no saben qué más hacer.

“¿Y si le mandamos una carta a Letizia?” pregunta el conserje. Apelar a la Reina para que salve su vieja escuela. Que no queda nada por hacer.

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