160025448


Aunque nació hace 61 años en la localidad albacetera de Hellín, sus recuerdos de juventud y juventud están ya muy ligados a la comunidad valenciana. El nombre del investigador y científico Juan Carlos Izpisúa Belmonte ganó fama mundial tras la publicación de las conclusiones de la última investigación en la que participó, que incluía la mezcla de embriones humanos y de mono. “Comenzamos a observar el envejecimiento de los monos, no de un ratón o una mosca”, recuerda, y señala que este es un paso más porque es una especie a la que los humanos somos más similares.

Antes de llegar a esta cúspide, la carrera de Izpisúa (como anécdota prefiere usar su segundo apellido para su correo profesional) tiene episodios que serían más propios de una novela de Charles Dickens: una infancia complicada en La Mancha, una madre a la que asistió Fuera de el Camino para sus tres hijos, a los que Izpisúa tiene como referencia, el paso por un orfanato obligado por las circunstancias, y una llegada a Benidorm prácticamente con lo que vestía. Mintió sobre su edad para conseguir trabajo en un restaurante y, en la capital turística de Alicante, recuerda que “hizo todo lo posible para conseguir el dinero que tanto necesitaba”. De camarero a botones, los días de Izpisúa en Benidorm estuvieron marcados por el esfuerzo.

En los momentos de tiempo libre que podía tener, el ejercicio era un ingrediente básico. Llegó a jugar varias temporadas en Benidorm, que en ese momento era miembro de Tercera División. Era finales de los setenta, en un fútbol muy diferente al actual, alejado de la última generación de tatuajes y céspedes.

Izpisúa tuvo una infancia complicada y pasó un año en un orfanato antes de estudiar farmacia en Valencia

Aunque su intención inicial no era precisamente dedicarse a la ciencia, el azar lo llevó a emprender el camino en el que ahora se ha destacado y que lo convierte en uno de los referentes mundiales en su campo. Como era de esperar, la revista Time lo incluyó en su lista de las 50 personas más influyentes en la ciencia.

Durante una visita a Valencia y por casualidad entró en un edificio que le llamó la atención. De la misma universidad, Valencia, se matriculó en farmacia. Tras graduarse con honores, se doctoró en bioquímica y farmacología por las Universidades de Valencia y Bolonia.

Actualmente mantiene una estrecha relación con el Instituto de Bioquímica de la Universidad de Valencia, bajo la dirección de la profesora Teresa Barber. También tiene muchos contactos personales en la provincia de Valencia, donde vive su familia y a la que visita con frecuencia.

Junto con científicos de China y EE. UU., Inyectaron células madre humanas en embriones de primates y pudieron cultivar estos embriones llamados “quiméricos” durante hasta 20 días.

“El objetivo de mezclar estas células humanas y de mono es comprender cómo funciona el envejecimiento y cómo se deterioran los órganos, un proceso que ocurre con especial frecuencia entre las edades de 45 y 55”, recuerda.

Debate ético

La investigación publicada esta semana en la revista Cell ha traído a la mesa un debate ético, aunque él lo defiende con calma, confirmando que el propósito de esta investigación “no es hacer crecer órganos humanos en monos, sino entender cómo las células se comunican entre sí. Explica que el conocimiento detallado de este proceso “podría ayudarnos a crear células, tejidos y órganos que puedan trasplantarse a personas cuyos órganos ya no funcionan”.

Asimismo, estos estudios podrían servir para “mejorar nuestro conocimiento no solo de la aparición y desarrollo de muchas enfermedades y la búsqueda de nuevos fármacos para tratarlas, sino también del envejecimiento”, el mayor factor de riesgo de cualquier enfermedad. «En definitiva, el motivo de nuestro trabajo, realizado en colaboración con la Universidad Católica de San Antonio de Murcia, la Universidad de Kunmimg en China y el Instituto Salk, se ha llevado a cabo cumpliendo los más estrictos estándares legales y éticos y nuestro único El interés es ayudar a mejorar la salud humana “, dijo.

Jonas Salk, quien descubrió la vacuna contra la polio, nombra al Instituto de Estudios Biológicos en La Jolla, California, donde trabaja. Este centro fue uno de los que trabajó en este trabajo.

Fue becario postdoctoral en las Universidades de Marburg (Alemania), California – Los Ángeles (UCLA) y los Laboratorios Europeos de Biología Molecular (EMBL, Alemania). Fue profesor en la Universidad de California en San Diego y profesor invitado en el University College y la Universidad de Oxford. De 2005 a 2013 dirigió el Centro de Medicina Regenerativa de Barcelona.

La investigación de Izpisúa, que ha publicado más de 26.000 citas, se centra en la biología de las células madre y su desarrollo. Sus estudios tienen como objetivo identificar los mecanismos moleculares y celulares responsables del desarrollo embrionario. Sus aportaciones tienen un gran potencial en los ámbitos del trasplante y la lucha contra el envejecimiento. Desde hace varios años, su labor científica ha sido reconocida por empresas y organizaciones de varios países.


Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *