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PAMPLONA, 6 de abril. (PRENSA DE EUROPA) –

La Consejería de Desarrollo Rural y Medio Ambiente de la Diputación, a través del Servicio Forestal y Cazador, comprobó una baja incidencia de la procesionaria del pino el pasado invierno según los datos de seguimiento anual sobre el grado de infestación de la especie.

Esta baja incidencia sigue la tendencia del año anterior y confirma que la plaga “no pone en peligro la estabilidad de los pinares atacados”, informó la gerencia regional en un comunicado.

Como ha apuntado, cuando se completa la evaluación de los pinares de Navarra, los datos preliminares apuntan a que los pinares de mora, carrasco y pinar silvestre son escasos. En particular, el 85% de los pinares examinados tienen condiciones bajas, el 14,6% condiciones medias y solo el 0,2% de infestación severa.

La labor de seguimiento y control de la procesionaria se enmarca dentro de las medidas previstas en la Agenda Forestal Navarra 2030. Esto incluye la definición de medidas de intervención y sistemas de alerta para plagas y enfermedades emergentes en el contexto del cambio climático.

Por otro lado, a principios de la primavera y dada la creciente afluencia de visitantes al entorno natural debido a la pandemia, el Departamento de Desarrollo Rural y Medio Ambiente recordó algunas de las pautas a seguir luego de que cayeran los árboles en las procesionarias estadounidenses.

Estas orugas tienen pelos punzantes que pueden provocar reacciones alérgicas inflamatorias de las vías respiratorias y la piel, que en algunos casos pueden ser graves. Por lo tanto, se recomienda no tocarlos ni permitir que las mascotas lo hagan.

También es recomendable limitar las visitas a los pinares de alta infestación mientras las orugas terminan su descenso de los árboles y los entierran. Al caminar o andar en bicicleta, se recomienda ropa que cubra el cuello, brazos y piernas. Las quejas en las mascotas son frecuentes, por lo que es necesario atarlas durante los paseos para evitar daños que, en los casos más graves, sugieren inflamación con necrosis y / o ahogamiento del animal.

La procesionaria del pino (Thaumetopoea pityocampa shiff) es una mariposa mediterránea que se encuentra en la mayoría de los pinares. En Navarra se da en pinares de Laricio (cuenca de Pamplona y zona media), pino carrasco (zona media y Ribera) y pino silvestre (Urraúl, Roncal y Salazar).

A principios del verano, aparecen los primeros adultos (mariposas) con una vida de solo uno o dos días. Se aparean y las hembras fecundadas vuelan a los pinos donde ponen sus huevos. A finales de julio y principios de agosto aparecen las primeras orugas (larvas) de tamaño casi indetectable y se alimentan de agujas de pino, que también pasan a formar parte de la dieta de otras especies, como las aves. Por tanto, juegan un papel importante en la cadena trófica del medio natural.

Poco a poco se desarrollan en cinco etapas de crecimiento y forman bolsas sedosas como refugio cuando llega el primer otoño frío. Estos bolsillos suelen ser nidos en las áreas más secas, altas y soleadas del pino y, por lo tanto, son más visibles. Allí buscan refugio durante el día y salen de noche a alimentarse de las hojas de los pinos, siempre que no llueva o la temperatura nocturna sea demasiado baja.

Las bajas temperaturas y las prolongadas lluvias invernales determinan la mortalidad natural de las orugas, que junto con la cantidad de forraje disponible y los ciclos poblacionales de la especie determinan el daño a los pinares y a la población que continúa su ciclo de salud biológica.

Las orugas, que logran completar su desarrollo larvario al final del invierno, caen en procesión (de ahí su nombre común) al suelo para enterrarse y convertirse en crisálidas. En este punto, precisamente el momento actual es cuando son más visibles, pero también más peligrosos, ya que han desarrollado vellosidades punzantes para defenderse de sus depredadores, que pueden provocar efectos secundarios al contacto con la piel o las mucosas. han declarado. de la gestión regional.

Una vez enterradas, las orugas no salen al exterior hasta tres meses después a principios del verano cuando han completado su transformación en mariposas que abandonan el suelo para completar un nuevo ciclo biológico un año después.

CONTROL BIOLÓGICO Y RESTAURACIÓN DE MANERA NATURAL

El medio ambiente no considera necesario tomar medidas especiales para el control de esta especie, ya que los estudios muestran que “la mortalidad de los pinares como consecuencia de la procesión es muy baja y la estabilidad de estas masas forestales no está en peligro”.

En general, la pérdida de hojas de las que se alimentan las orugas debilita las mandíbulas, pero sin provocar su muerte, al no afectar las yemas que permiten el desarrollo de nuevos brotes en una estrategia de supervivencia para ambas especies. Se ha descubierto que los árboles pueden recuperarse naturalmente y recuperar su follaje y tasa de crecimiento después de unos años.

Ante este problema, el Servicio de Bosques y Caza está desarrollando un plan de control biológico que continuará con la colocación de cajas nido para incentivar la propagación de depredadores naturales que reducen las poblaciones de ciertas especies de plagas. En marzo del año pasado se instalaron un total de 106 nidos para aves insectívoras y 82 para murciélagos, que se distribuyeron en diferentes zonas de Esteribar, Valle de Egüés, Urroz-Villa e Izagaondoa en la vanguardia de la plaga de la oruga del el boj que favorecía el terreno ubicado en pinares también el control de la procesionaria del pino.

Los tratamientos de aire generalizados sobre los bosques no se han utilizado en Navarra durante varios años porque no son un método selectivo y relativamente efectivo, dijo el gobierno.

Como se mencionó anteriormente, para incidentes en áreas de alto uso público (parques, jardines, escenarios educativos, hospitales, etc.), puede ser efectivo cortar y quemar las ramas con sacos, pero siempre antes de que ocurran las procesiones descendentes. desde entonces los nidos han estado vacíos y el tratamiento no tiene sentido.

Para árboles aislados o pequeños grupos son útiles las trampas de collar que rodean el tronco, mientras que en áreas más grandes es posible realizar tratamientos específicos y dirigidos con la ayuda de mochilas o cañones nebulizadores con pesticidas amigables con el medio ambiente. Los tratamientos deben ser realizados por el propietario de la montaña de acuerdo con la Ley Foral 13/1990, de 31 de diciembre, de protección y desarrollo del patrimonio forestal navarro.


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