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En uno de los callejones del Primero de Mayo que chocan con el acantilado, la solidaridad no se agota, pero le cuesta sobrevivir. Allí, junto al edificio sindical, Los voluntarios de la Asociación de Jubilados y Jubilados de la UGT reciben una media de unos 8.500 kilos de víveres al mes del Banco de Alimentos que vence en menos de un mes. Con esta multitud se esconden los estantes vacíos de las despensas de unas trescientas familias; Con eso, se llenan los platos de alrededor de 1.500 personas.

Pero el esfuerzo de estos voluntarios está en sus bolsillos. Usted paga por el transporte de los palés de comida. Y las descargan, las clasifican, las ordenan y las distribuyen. “Todos lo pagamos”, explica Lucy Palomo. Eso es unos setenta euros por camión. Y como cada mes, llegan al final entre tres y cuatro transportes Ponen entre doscientos y trescientos euros para garantizar el reparto de alimentos entre los más necesitados.

“Estamos pidiendo ayuda a la gente”, dice Carmen García, otra voluntaria.

Y su análisis es un certero resumen de la realidad de muchas empresas distribuidoras que se ahogan por el hecho de que nadie se hace cargo de pagar los gastos de transporte desde el banco de alimentos hasta los puntos de distribución que se distribuyen desde los diferentes barrios de Las Palmas de Gran Canaria. .

Los datos

72 entidades.

Es el número de asociaciones de distribución de alimentos que trabajan con el banco de alimentos en la capital, Gran Canaria. Durante estos años algunos tuvieron que cerrar porque no pudieron hacerse cargo del transporte.

Tuvieron que rechazar la comida que les ofrecía la Cruz Roja porque no podían asumir el costo de transportar 15 toneladas. Pero se resisten a hacer lo mismo con lo que les da el banco de alimentos, “porque si no, reducirán la cantidad que nos envían”, dice Pedro Calero.

Querían mostrar las dificultades que tienen las instituciones para tomar conciencia de los problemas actuales y encontrar una solución al problema del tráfico. Hay que tener en cuenta que el sistema de distribución de alimentos del banco de alimentos y la Cruz Roja obliga a los distribuidores a hacerse cargo de los gastos de transferencia de los productos. En realidad, sin embargo, muchas empresas están formadas por voluntarios. Barrios y parroquias que carecen de medios económicos para costearlo. Y, sin embargo, continúan sirviendo a las personas que les envían recursos sociales comunales.

“Este es un grito de auxilio”, enfatiza Jorge Ostolozaga, “no estamos pidiendo dinero para nosotros, queremos la cooperación para poder pagar los costos de transporte de los alimentos”.

Con ayuda

Juan Samper cree que el transporte desde los puntos de distribución tenía que ser financiado con fondos públicos. “Cuando nos llaman desde los servicios sociales para echar una mano, también nos están ayudando porque las pequeñas unidades de venta son las que realmente hacen el trabajo”, agregó.

En el caso de la capital de Gran Canaria, las oficinas comerciales aseguran que no se hacen responsables del transporte. Y es que el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria es consciente de que no puede financiar las tareas logísticas al no ser competencia del municipio, aunque, como en otros países, el consistorio depende de esta asociación para remediar las carencias nutricionales de muchos. familias fuera de la ciudad.

Pedro Calero sugiere una solución. “Bien que el dinero de gran parte del partido que fue suspendido debido a la pandemia se usará para ello“Expone”, es una necesidad real.

“Ya es demasiado pedir que cubramos los costos de transporte cuando los voluntarios y los jubilados hacen este trabajo social”, continúa Samper, “eso no es aceptable”.

El ayuntamiento quiere ampliar las tarjetas comerciales

El alcalde de la ciudad, Augusto Hidalgo, cree que el futuro de la asistencia social a la hora de comprar abarrotes será a través de la expansión de las tarjetas comerciales. Es un sistema que da a las familias vulnerables una tarjeta de hasta quinientos euros para realizar compras en un supermercado en lugar de ir a los puntos de venta.

En declaraciones al programa de Onda Cero ‘Más de Uno Canarias’, el ayuntamiento dijo de esta solución: “Es el futuro por una cuestión de dignidad” y anunció que “es algo que estamos tratando de hacer con más cadenas de suministro”. También expandirnos porque es un sistema más humano, y también nos da datos, sabemos lo que la gente necesita, y podemos diferenciar entre niños y adultos.

Durante la pandemia, el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria distribuyó estas tarjetas a unas 9.000 familias, en las que se invirtieron un total de 2,6 millones de euros.

“La prioridad es que las personas que necesitan comer puedan hacerlo, ese es el objetivo básico”, dijo Augusto Hidalgo, quien recordó que los puntos de venta donde llegan los productos del banco de alimentos tienen local propio y deben pagar por ellos como se especifica en la actual. sistema.

El alcalde reconoció que el ayuntamiento desconocía que algunas empresas distribuidoras de alimentos utilizaban locales comunales para esta obra, pero justificó la orden de cierre de estos edificios por las necesidades sanitarias actuales.

“Tenemos que asegurarnos de que la gente coma y no de que el recurso funcione”, dijo Sergio Miró al periodista. “Cuando vemos cerrar un banco de abarrotes, lo remitimos a otro, el más cercano. La gente no tiene problemas para conseguir comida. ‘


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