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Las polémicas en Concheiros vienen de lejos, y no por las obras de remodelación de la calle y Rúa de San Pedro, que también afectó en repetidas ocasiones las suyas hasta que la zona semipeatonal parece haber protegido el pavimento de adoquines (dedos cruzados). Las disputas históricas provienen del gremio que dio nombre a la calle, el de los Concheiros, quienes confeccionaron las insignias que lucían los peregrinos como evidencia de su presencia en la ciudad del apóstol.

Un gremio considerablemente importante, y este incluso se fusionó con el de los Azabacheiros como representantes de la tradición artesana más emblemática y con mayor proyección exterior junto al de los plateros, por lo que ha sido costumbre desde el inicio de la romería Llévate a casa un souvenir: una placa que te llevas relacionada con el destino del Camino. Según Antonio López Ferreiro, en su estudio de las escrituras municipales, la ciudad estaba bajo régimen eclesiástico, por lo que los poderes administrativos y la regulación de las actividades empresariales eran del Arzobispo.

Por lo tanto, también estaba en su poder controlar los suministros de los concheiros, su número y su funcionamiento. No se trataba solo de trabajar con conchas, como explicó el cura e historiador, sino que “la insignia de Santiago consistía en imágenes del apóstol, pero principalmente en conchas talladas en metal, a las que acudían los peregrinos para adornar su manto y su gorro”. .

Según el gusto del consumidor, los materiales utilizados para su fabricación iban desde la plata y el cobre hasta los más baratos y habituales de estaño o plomo. “De ellos el nombre de Concheiros llegó a sus fabricantes y proveedores”. El caso es que la demanda de estos productos aparentemente ha sido sustancial y por lo tanto surgieron dos problemas: uno interno y otro externo para controlar la competencia así como la calidad y originalidad del producto. Para el primer problema, según López Ferreiro, se ha fijado un límite superior de un total de 100 establecimientos en la ciudad. La arquidiócesis controlaba directamente veintiocho, pero cuando “las turbas de peregrinos se sucedían sin cesar”, se permitió la creación de empresas privadas hasta el monto máximo indicado anteriormente.

Estos últimos, como fueron fundados por el arzobispo Pedro Suárez de Deza en 1200, fueron para honrar a un maravedí durante la romería “de Semana Santa a Pentecostés” y la mitad más en otoño; “Es decir, la que se lleva a cabo desde la Fiesta de San Miguel hasta la de San Martín”. Un acuerdo que tiene una vigencia de 30 años. Más problemático fue el también muy grande problema de la competencia externa y se hizo un gran esfuerzo para que las insignias tradicionales de Compostela no se hicieran fuera de la ciudad, sino solo en talleres autorizados y por orfebres calificados.

La cosa incluso parece haber llegado a Roma, pues indica que el Papa Alejandro IV “aniquiló la codicia de muchos que se atrevieron a acuñar y vender falsas insignias del Apóstol Santiago en España como en Gascuña”. E incluso más tarde Clemente IV prohibió “a los propios peregrinos de Santiago llevar otras conchas que las fabricadas en Compostela”. Un problema de competencia desleal que también incluyó la intervención del rey Alfonso X para proteger los derechos de autor de Santiago.


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