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Es muy probable que José Luis Ábalos se sintiera más cómodo en las 24 horas que pasó en Galicia, gobernando cómodamente a su antagonista PP, que en 30 minutos en el Congreso, donde sobre el papel su partido y sus colaboradores están tomando la delantera con batuta. Tal ruido se ha instalado en el Parlamento español que es imposible llevar a cabo proyectos de país desde posiciones contrarias o incluso debatir con calma. Con o sin pandemia, el diálogo está enterrado. En Galicia, los tres partidos votaron por una propuesta legislativa sin mucho ruido (con mejor o peor fortuna ante la actual mayoría absoluta). Y este clima incita a un ministro a hacer nada menos que obras públicas, teniendo en cuenta la historia, y en San Caetano no lo esperan con un cuchillo entre los dientes. El encuentro entre Feijoo y Ábalos hace un mes abrió una colaboración directa que dio lugar a los primeros compromisos el viernes. Dado que algunas reuniones son resultado de la inflamación, es recomendable no cansarse de esta normalidad institucional.

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